Lo que sucede es terrible. Muy
terrible y anoche me he pasado la noche sin dormir pensando en esto. Es de
aquellas cosas que no se pueden contar porque no salen por la boca. Y yo sé que
mientras no la haya contado no podré dormir. Le pregunté a la Domitila qué
hacía ella cuando tema un secreto terrible. -Se lo cuento a otra -me contesto.
-Pero, ¿si es algo que no se puede contar a nadie?
—Entonces
lo escribo en una carta.
—Tú no
entiendes nada —le dije—. Es algo que no puede saberlo nadie.
—Entonces, escríbaselo a nadie —me dijo, y soltó la
risa. Otra vez es
de noche y ya debería estar durmiendo. Pensando en lo que dijo la Domitila, he
decidido escribirle a "nadie", como ella dice, y que es lo que otros
llaman su "diario". Cuando esté escrito, me habré librado de seguir
pensando.
Yo tenía
en mi laboratorio un frasco con un invento. Era hecho de muchas cosas y, entre
otras, tenía dos cajas de cabezas de fósforos, Rinso, miel de abeja, un poco de
aceite, crema para la cara y pólvora. La idea mía era ver lo que resultaba y
por eso hice con él un sándwich para algún ratón goloso.
Lo dejé
sobre mi velador, pero cuando volví, no estaba. Y la Domitila me dijo que se lo
había comido. Naturalmente que a ella no podía decirle yo que estaba envenenada. Pero le pregunté qué
haría si supiera que se iba a morir.
—Me
daría una vuelta de carnero —dijo— porque la muerte es la felicidad del pobre.
—¿Y qué
otra cosa más harías?
—Me
daría una fiesta y gastaría mil pesos en comer...
—Toma
—le dije—. Te doy lo de mi alcancía (treinta y dos pesos) Cómete algo bueno,
pero sería mejor que te confesaras.
Me miró
con cara de lagartija y me preguntó:
—¿Por
qué cree que me voy a morir?
—Porque
la muerte viene cuando menos se piensa —le contesté y me encerré en mi cuarto a
pensar. Pensé que tal vez sería bueno que ella tomara un purgante, pero después
pensé que sería peor. Pensé que debería decirle lo que le pasaba y pensé
después que a lo peor se moría del corazón. Porque no hay seguridad de que se
muera del veneno.
Es claro
que, si se muere, yo deberé entregarme a la policía. Le escribiré una carta a
mis padres y después me entregaré y cuando cumpla mi condena ya no seré
culpable.
En la
cárcel puedo estudiar para ser inventor, porque tendré toda mi vida libre para
eso. Y, tal vez, cuando invente lo que habré de inventar, me absuelvan y todo.
Este
pensamiento me pone más tranquilo. Pero lo terrible es estar esperando que
suceda la muerte. Es decir, que a ratos me dan ganas que se muera pronto para
arreglar mis cosas de una vez.
A la
hora del té, la encontré pálida y sentí frío en el estómago. Le pregunté qué
tenía y ella soltó la risa.
—Parece
que usté se está enfermando de la cabeza —me dijo—. A cada rato me pregunta
unas cosas... Y me mira con unos ojos... —y se rió otra vez.
Es una suerte que la Domitila no tenga hijos y ella dice que no le hará falta a
nadie. Eso es muy tranquilizador.
Ahora se me quiere ocurrir que no es cierto que se haya
comido el sandwich y que me ha engañado. Quiero pensar que, como es tan
mentirosa, me ha mentido otra vez. Con este pensamiento creo que podré dormir.
Enero 1
La
Domitila todavía no se ha muerto. Yo hice una promesa para que no se muriera y
prometí ser santo. Hoy regalé todas mis cosas, porque para ser santo es
necesario regalarlo todo. Todo, menos mi pelota de fútbol, mi escopeta, mi
revólver y otras cosas que necesito. Yo no me creo santo porque los santos
nunca se creen que lo son. Me gustaría que Javier también fuera santo y me
regalara su raqueta. Cuando yo sea santo, voy a hacer verdaderos milagros y que
los pobres tengan aviones y cosas por el estilo.
Hoy es
año nuevo, el aniversario del día en que Dios hizo el mundo. ¿Qué día sería
antes?
Me
cargan los días de fiesta, porque ya son; prefiero el día antes, porque
entonces es "mañana" el día de fiesta.
Sin
querer estoy escribiendo mi diario, pero si no escribo, no puedo dormir con
este negocio de la Domitila. También es bueno dejar su diario cuando uno se
muere para que la gente comprenda lo que uno era por dentro y conozca sus
intenciones.
Inventé
una oración, y eso que no tengo más que ocho años. La repartí a todos, porque
tiene mil años de indulgencia.
Hoy hubo pollo para el almuerzo
y postre de helados de fresas, y para la comida, lo que sobró del almuerzo.
Pusieron las copas finas y una se quebró en mi asiento. Me gusta que vengan
visitas porque así no hay boche en las comidas. A mí no me alcanzó postre, pero
no importa, porque me lo había comido antes.
Ahora que no tengo útiles para hacer mis experimentos, tengo
que hacerlos con las cosas de otro. Por eso le pedí a Miguel, el jardinero, que
me diera un alicate y un alambre. Y tuve que regalarle dos corbatas de mi papá.
Papá tiene demasiadas corbatas, y eso es como avaricia, y también hace que
Miguel se ponga comunista.
Resulta que junté los alambres del teléfono con los de la lamparita del
velador de mi mamá. Lo que yo quería era ver si salían luces del teléfono y
voces de la lamparita. Pero nada de eso.
Cuando se hizo de noche, la casa estaba a oscuras y no había
a quién llamar porque era día de fiesta y porque estaba descompuesto el
teléfono. Pero yo saqué como pude mi instalación, y cuando llegó mi papá cambió
los tapones y ¡listo! Ni siquiera hubo alboroto. Siempre es así: cuando uno
cree que se va a armar la grande, no pasa nada.
Parece
que se murió la señora de la casa de enfrente y había quince autos en la puerta
y dos Mercedes Benz de ocho cilindros.
Enero 3
Anoche,
cuando estaba durmiendo, desperté con la idea de que la Domitila se había
muerto y me puse a pensar y pensar y, por último, me levanté a verla. Resulta
que mi papá creyó que andaban ladrones por la casa porque una puerta se cerró
de golpe y sacó revólver y todo. Dice que recorrió la casa entera y por suerte
no me vio. La Domitila estaba roncando en su cama, y como yo creí que agonizaba,
la desperté y ella me mandó a acostarme y me recomendó que me pusiera un paño
frío en la cabeza para mis nervios. Pero no sé qué pasó que amaneció mi
cama mojada y yo con tos. Y resulta que sólo después del almuerzo he tosido ya
ciento ocho veces.
A lo
mejor me voy a morir y, en ese caso, me gustaría que me enterraran en un cajón
bien pobre y con la plata del fino le compraran chocolates a los niños pobres.
También recomiendo
que no
me registren mis cajones y que le den alpiste a mi canario. Y que no lloren por
mí, porque a lo mejor me voy al cielo.
Enero 4
Todavía
estoy en cama con fiebre y bronquitis. Lloré porque Javier fue al cine, pero
después pensé que estaba llorando porque quería sufrir y me consolé. Cuando uno
quiere sufrir resulta que se pasa la pena y cuando uno no quiere salir llega la
mamá y lo saca a uno en auto.
Se me
desparramó la sopa en la cama y me pusieron la colcha limpia. También se me
rompió el reloj que me prestó el papá. Pero no me retaron porque tenía fiebre.
Me gusta estar enfermo porque entonces me llaman "el niño" y me hacen
sopa especial y me piden que me la tome así como suplicándome. También me
prometen todo lo que necesito y, cuando mi mamá le cuenta al doctor lo de la
fiebre y tos, me da pena-gusto y como reír y llorar. Y también me lavo con agua
tibia, y, si no quiero, no me lavo tampoco. o: Parece que mi timbre sonó toda
la noche.
Inventé
de enseñar moscas mensajeras. Se me murieron cuatro en el invento, pero ya
tengo pensado otro sistema nuevo que voy a ensayar mañana. Y creo que hasta
puede llevar un átomo y servir de bomba.
La Domitila está bien todavía, pero la noto más gorda y quién
sabe si es el comienzo de una enfermedad mortal.
De todos
modos, si ella se muere o no se muere, yo voy a ser santo, así es que no
necesito entrar a la cárcel.
Tuve que
levantarme en camisa por obligación, porque me caí de la cama y porque se
quebró un vidrio con un disparo de mi escopeta y tuve que recogerlo y sacar los
pedazos para que no se viera. Así le ahorré una rabia a mi mamá.
Tengo
tan buena puntería que maté la mosca que había en el vidrio y otra que se quedó
clavada con la flecha en el techo.
Enero 10
Ahora resulta que nos vamos a veranear a la costa y toda la casa se
vuelve maletas y mi mamá está tan confundida que se le pierden las llaves a
cada rato y nos reta a nosotros. La Domitila no contesta cuando uno le habla y
todo el mundo arma una pelotera, porque se rompe una llave del lavatorio. Es
una lata estar de viaje porque a uno ni lo dejan salir ni hacer nada y lo echan
de todas partes. Uno se siente preso y claro que uno piensa en los
presos y cuando ve a su canario enjaulado claro que le abre la puerta y el
pobrecito se va. Y mi mamá arma otra pelotera, porque se fue el canario y eso
que el canario es de uno.
Por suerte,
en la tarde vino el gásfiter, ese con olor a maestro y que tiene los dedos
tiesos. A mí me quedaron un poco tiesos después que usé sus herramientas. Lo
malo fue que se me cayó la llave inglesa y se quebró una baldosa del baño. Pero
como mi mamá está tan confundida, no la vio y cuando volvamos del verano va a
hacer tanto tiempo que se había roto que ya no va a importar.
Mi papá
se enojó porque fui a la mesa con las manos tiesas, pero yo me apuré en
contarle un choque que sucedió el otro día y no le dije cuándo fue y él me dijo
que tomara agua porque me encontraba pálido.
No es
que uno sea hipócrita si lo creen pálido cuando uno está pálido.
¡Qué
felicidad es salir a veranear a la costa! Yo no la conozco, pero se me ocurre
que debe ser llena de aventuras y además debe ser donde fabrican el chocolate
Costa.
Hice mi
maleta y no me cupieron nada más que mis cosas y le pedí a Javier que me
llevara mi ropa y no quiso. Así es que la escondí debajo del colchón y cuando
vuelva va a estar limpiecita y planchadita, y esa es una gran cosa. Yo no
necesito más que lo puesto para el veraneo y cuando se ensucie eso, me pongo el
traje de baño y listo.
Enero 11
Por fin
llegamos a la costa. Se llama Viña del Mar y la estación es muy fuñingue. La
casa tiene jardín con flores muy lindas, pero todo lo demás es feo. Lo terrible
de la costa es que se siente tanta hambre que uno tiene que pasársela en la
cocina. Además no hay cómo entretenerse. Uno no puede ir a la playa todavía y
quieren que esté contento.
Resulta
que se me ensuciaron los pantalones con ese aceite que había en un tarro y los
lavé y quedaron peores. Mi mamá me retó porque andaba en traje de baño, pero yo
le dije que quería acostumbrarme. Creo que lo mejor será que meta los
pantalones enteros en el aceite ése y así quedarán parejos.
Los metí
y tuve que ponerlos a secar debajo del colchón para que no los vieran y resulta
que se retrataron en el colchón que no es de nosotros. Ya es de noche y todavía
no se piensan en secar y yo no sé si mañana tenga que estar enfermo o cosa por
el estilo. No puedo ir a la playa sin pantalones.
Se me ha
ocurrido una cosa estupenda. Le pedí prestados unos pantalones a Javier, es
decir, se los arrendé por tres pesos. Me quedaban tan largos que tuve que
cortarles una tajadita y Javier armó un boche y dijo que me iba a acusar y tuve
que regalarle mi escopeta. De todas maneras, ya puedo ir a la playa y no me
importa no tener escopeta en la costa.
En mi
cuarto hay olor de garaje.
Enero 13
Hoy nos
fuimos a bañar y el mar es brutal. Las olas se vienen encima como con rabia y
no se puede nadar. La arena es macanuda para jugar, pero más me gusta el mar y
querría ser marino. Lo único es que se ve que el mar es muy peligroso, porque
cuando yo estaba mirando un buque bien lejos desapareció. Yo creo que naufragó,
pero no dije nada, porque qué sacaba con decir cuando estaba tan lejos y ya
había naufragado de todos modos. Pero ahora que es de noche pienso en los
náufragos y me acuerdo de sus hijos y me da pena.
También
me gustaría ser buzo, porque, como hay tantos naufragios, es muy fácil recoger
tesoros del fondo del mar.
Mi mamá
encontró los pantalones de Javier y armó una pelotera, pero, por suerte, mi
papá le dijo que no se hiciera mala sangre y me comprara otros nuevos y se
acabó el cuento. Pero el cuento no se acabó cuando supo que no tenía más que
los pantalones aceitados y tuvimos que salir a las tiendas y me retó de ida y
de vuelta sin parar, es decir, paró nada más que mientras me probaba los
pantalones en la tienda. Yo me sentía bastante mal, pero me tragué el cototo.
En la
tarde, no me dejaron salir en castigo, pero con Javier nos subimos al tejado y
lo pasamos regio. Encontramos una pelota seca y un calcetín guacho.
La
Domitila estaba hecha una furia porque llegamos tarde a comer, porque ella tenía
que ir al Casino y se atrasó. Por suerte, mañana, papá y mamá están convidados
a comer. Yo le di a la Domitila mis diez pesos para que me los jugara. ¿Cómo se
jugarán?
Hay unos
chiquillos en la casa de al lado que nos sacan la lengua cada vez que nos ven,
hasta que nos cansamos y les tiramos agua y vinieron a reclamar; pero por
suerte no estaba mi mamá, así es que después nos hicimos bien amigos y vamos a
tirarles agua a los del otro lado.
Enero 15
Mi papá
dice que él, a la edad de nosotros, nunca se aburría, pero yo creo que les voy
a decir lo mismo a mis hijos. La cuestión es que, por lo menos cuando uno está
veraneando, no debe aburrirse. Por eso es que, cuando mi mamá se fue al puerto,
nosotros con Javier nos fuimos al garaje de enfrente, y Buzeta, el mecánico,
que es tan bueno, nos dejó ayudarlo y todo. Después fuimos a probar un auto que
él estaba arreglando y resulta que nos quedamos en pana y empezamos a trabajar
y trabajar en él y era como un piano. No se movía. Por fin, se vino encima la
noche y ya lo íbamos a hacer andar y a cada rato hacía explosión. Otra vez iba
a andar y así hasta que fue tan de noche que tuvimos que llamar al garaje para
que vinieran a buscar el auto y remolcarlo y claro que llegamos en medio de la
pelotera. Mamá estaba como loca y me dio diecisiete pellizcos. Teníamos tanta
hambre y tanto sueño que yo me dormí sin mascar la carne y me amaneció en la
boca.
Javier
dice que él va a ir mañana de todas maneras a buscar el auto con Buzeta, porque
el gusto es más largo que el reto. Pero a mí me pasa al revés: el gusto se me
pasa y el reto se me queda dando vueltas.
Me
gustaría ver un incendio bien grande, porque no hay esperanzas de ver
naufragios. A veces me dan ganas de quemar la casa, pero desde antes ya me
vienen los remordimientos y me echan todo a perder.
Yo
siempre estoy con remordimientos antes de hacer las cosas y Javier no.
Cuando
mi mamá me castiga, pienso que los padres son muy distintos de los de los
cuentos y casi me dan ganas de ser huérfano. Otras veces me dan ganas de
haberme muerto para que aprendan a ser justos.
Enero 17
Me voy
de la casa. Me voy para correr por el mundo y para huir de las injusticias de
la vida.
Me voy a
la montaña, donde nadie me insulte y me desentienda. Mi padre es cruel y me
aborrece. Todo porque le di uno de sus trajes al pobre Buzeta, que tiene ocho
hijos. Me dijo que yo había tomado lo ajeno. Eso no es verdad, porque lo de los
padres de uno es también de uno. Al principio me sentí ladrón y me dieron ganas
de morirme, pero después pensé y vi que yo tenía razón y él no. Los ricos no
saben lo que es pobreza. Yo sé.
Después
en la noche, Javier me despertó, porque yo estaba llorando y él se durmió muy
tranquilo y me dejó a mí despierto. Y, cuando estaba despierto, me acordé de ese día en que
Javier quebró la lámpara y creyeron que era yo y él se quedó callado y me
castigaron a mí. Así me di cuenta que mi hermano tampoco es bueno conmigo. Y,
aunque mi mamá es tan buena, de todas maneras le hace bien ver que su hijo la
abandona, para que lo defienda de las injusticias.
En la tarde
Después
que escribí mi diario me levanté en puntillas y salí a la calle con mi paquete
de pan y mi diario. No había nadie en las calles, pero ahora no me gusta la
gente, así es que me sentí muy feliz. Y me puse a andar y andar y a ratos me
daban ganas de volverme. La montaña está sumamente lejos, pero de todas maneras
estoy en un cerro. Me quedé dormido y, cuando desperté, vi jugar fútbol y
ganaron los azules por tres goles.
Ahora
estoy en una casita pobre y me convidaron con estofado y una agüita de café y
yo les pagué con mi cinturón, pero tengo que sujetarme los pantalones con la
mano. Yo les conté que era huérfano y que andaba perdido, pero que luego iba a
llegar a mi casa, porque conocía el camino.
¿Qué
dirá Javier de mí?
¿Mi papá
estará arrepentido de haber sido injusto? Pobre mamá, sin su hijo. Debe ser
terrible ser madre y que se le desaparezca su hijo de ocho años. Pero mi papá
no me da nada de pena, porque es tan injusto.
Estoy
sentado a la orilla de un estero y no me dan ganas de bañarme aunque hace mucho
calor. Es raro, pero cuando uno puede hacer todo lo que quiere, no dan tantas
ganas de hacerlo como cuando no se puede.
A ratos
me dan ganas de volverme a mi casa, porque tengo hambre y porque veo todo el
tiempo a mi mamá llorando. Pero pienso que mi papá me va a castigar otra vez y
se me quitan las ganas.
Más Tarde
Resulta
que de repente me dieron ganas de volverme a la casa, porque ya era casi de
noche, pero me perdí mucho más. Ahora estoy perdido de veras y tal vez para
siempre.
La noche
es muy terrible cuando uno está solo y además uno tiene que pensar todo el
tiempo que es muy valiente para que no le dé miedo. Yo no sé qué será de mí.
Soy un hijo perdido. Los hijos perdidos generalmente se van al circo, pero resulta
que no hay circos aquí sino puros potreros.
Tal vez
me dormiré en la casa de una señora que me invitó porque uno no sabe lo que
puede pasar si uno se duerme en un potrero donde hay animales salvajes que
salen sólo de noche.
Enero18
Resulta
que un caballero que pasó en auto me llevó otra vez a Viña y ahora estoy en la
casa. Yo pensaba que mi mamá iba a llorar de gusto al verme, pero fue todo lo
contrario. Resulta que ella venía llegando de Zapallar con el papá y ni supo
que yo estaba perdido.
Javier me
retó porque había vuelto; porque ya que me había ido, ¿para qué volvía? Y
también me amenaza a cada rato con que le va a contar a la mamá o al papá, y
tengo que hacer todo lo que él quiere. La Domitila es tan buena, que me compró
helados y me regaloneó mucho cuando volví.
Resulta que mi papá me trajo un cartucho de dulces de Zapallar y a mí me
dio como arrepentimiento y ganas de llorar, pero le regalé los dulces a la
Domitila y se me pasó eso de que yo era hipócrita. De todas maneras, la
Domitila me da dulces a cada rato.
Ahora
pienso que tal vez Javier tenía razón y no debía de haber vuelto. Me estoy
aburriendo de nuevo.
Enero 20
Resulta
que por suerte se reventó el cálifont, porque, si no, no sé qué habríamos hecho
de puro aburridos. Fue estupendo. Era como bomba atómica y la Domitila se
desmayó y el agua hirviendo saltaba como de un pozo de petróleo. Pero después
hubo una pelea entre la Gladys, la vecina, y la Domitila y por suerte perdió la
Gladys. Aunque no tan por suerte, porque la Domitila tiene que limpiar todo. Y
la Domitila cree que la Gladys va a venir a matarla, así es que yo le traje el
revólver de mi papá para que se defienda. Pero, cuando lo estaba mirando, se
salió un tiro y se hizo un agujero en la pared y como la casa es vieja se cayó
un buen pedazo.
Yo no sé
qué hacer para cuando llegue mi papá y vea esto, pero lo mejor es que me vaya a
confesar al tiro.
Ya me
confesé y no era pecado lo del disparo.
Cuando
llegó el papá le pregunté: "¿Sentiste el temblor?", y él me dijo que
no. Yo no dije que había temblado, pero de todas maneras él creyó que el pedazo
de pared se cayó con el temblor. Eso no es mentira.
Vinieron
a arreglar el cálifont y cuesta tan caro el arreglo que la mamá y el papá por
poco pelean. La suerte que se reventó solo.
No me puedo
dormir pensando en lo terrible que es la pobreza. Quiero decir que hay un señor
Ruletero que se queda con toda la plata de mi papá y a veces con la de mi mamá,
y lo más raro es que nadie hace nada por tomarlo preso. Parece que hace lo
mismo con todo el mundo, porque ayer en la comida la tía Lala decía que ella le
había dejado en el mes miles de pesos y la tía Erna que a ella le había quitado
algunos, y así a cada una. Debe ser un señor muy millonario, y además yo me lo
imagino como un ladrón elegante, y con dientes de oro, etc. Pero pienso en lo
de la mamá y el papá, que se lo pasan pelea y pelea por la cuestión pobreza. Mi
papá se queja porque mi mamá paga las cuentas o compra comida y mi mamá se
queja porque el papá vuelve a lo del señor Ruletero, y se va armando la pelea.
El dice que va a buscar lo que dejó y mi mamá dice que es sólo para que le
saquen más. Y después, cuando él por fin decide que no irá, entonces llama a la
mamá cualquier amiga y se va con ella. Después vuelve llorando, reclama de su poco
carácter y habla mal de ella misma, etc., y mi papá sale furioso dando un
portazo.
La
cuestión es que yo quiero ayudarlos en este momento grave, y, pensando y
pensando, creo que puedo ganar plata. Tengo una idea bastante buena, pero la
cuestión es que me resulte...
Enero 22
Ya sé lo
que llaman desengaños de la vida. Hoy tuve uno tremendo. El desengaño más
atroz, creo. Se siente en el pecho como una agüita caliente que corre suave
hacia la garganta y se instala ahí. Es un gran sufrimiento desengañarse. Ayer,
cuando mi papá y mi mamá se fueron donde el señor Ruletero y Javier a la casa
de enfrente, yo me puse los pantalones de aceite y me ensucié la cara y la
camisa y a pie pelado me fui andando, con los ojos mirando para arriba y un
jarrito en la mano y un letrerito que decía: "Una limosna para el
cieguecito". Y a cada rato me echaban pesos y más pesos y yo los guardaba
sin mirarme el bolsillo sino que los contaba a puro dedo y ya llevaba como
veinte, cuando una que me había echado el peso veintiuno me tomó del brazo y me
dijo: "¡Papelucho en persona!".
Yo no
quería mirar porque era de esos ciegos de vista al cielo: pero resulta que tuve
que ver quién era: ¡y era la tía Pepa en persona!
Se reía
a carcajadas y me preguntaba por qué estaba pidiendo limosna y yo no sabía qué
contestarle.
—¿Y
cuánto has juntado? —me preguntó.
—Más de
diez pesos —le dije.
—¿Y qué
vas a hacer con ellos?
—Pagar
muchas cosas. —No quise decirle que era para ayudar a mi madre y a mi padre. En
todo caso, me dio tanto miedo que ella fuera a armar boche, que le supliqué que
no dijera nada.
Es claro
que la muy habladora llegó con el cuento a la casa del señor Ruletero, porque
cuando volvió mi mamá, ya venía furiosa conmigo y me retó tanto que no tuve ni
tiempo de explicarle que yo lo hacía por ella y en pago de mi buena
acción me dejó castigado, sin salir todo el día de mañana.
Eso es
lo que pasa por ser tan bueno.
Enero 23
Yo no sé lo que quieren que uno sea, pero a mí me parece que
sería mejor que cuando uno está enfermo, lo dejaran morirse y lo embalsamaran
después. Así sería como quieren que uno sea.
Una
persona castigada, que no puede salir a ninguna parte, puede aguantar toda la
mañana sin hacer nada, pero cuando las gentes se van a dormir y otros se van a pasear,
tiene que hacer algo para no morirse de aburrido.
Por eso
yo hice una tienda. Además que una tienda la hace casi todo el mundo en la
calle Valparaíso y yo sé que no es pecado.
Yo hice
una tienda con todas esas cosas que no sirven o que no se usan: Puse una mesita
en la puerta de la casa y en la mesita las corbatas inútiles, los guantes, los
pinches y prendedores y pulseras que no se usan y unas dos carteras. El letrero
decía: "Venta de ocasión" y la gente preguntaba los precios y la mayoría
no compraba, y los pocos que compraron me pagaron las cosas. Yo le dejé la
plata a mi mamá en el velador y eran dieciocho pesos justos y, en lugar de
agradecérmelos, otra vez me retó y me acusó al papá; pero no me castigaron,
porque dicen que es peor castigarme.
Menos
mal que es peor castigarme, así es que mañana voy a poder salir, que bastante
aburrido es trabajar para los demás cuando a uno le pagan así.
Ya no
estoy desilusionado de la vida porque ya sé que la vida es así y que lo que uno
quiere hacer bueno sale malo. De modo que ahora trato de hacer algo malo para
que salga bueno, y cuesta mucho, porque no sabe uno cómo va a salir bueno.
En todo caso,
por si resultaba para mejor, eché a correr las llaves de agua del jardín y la Domitila me dio las
gracias porque así se regó todo y a ella le carga regar.
Enero 25
Por fin
tengo algo bien estupendo en que entretenerme.
Tengo un
criadero de jaibitas y de estrellas de mar. Las estrellas de mar no sé si
estarán muertas, pero las jaibitas me las dio un pescador vivitas.
Cada
familia vive en un tarrito con agua de mar y los tarritos los tengo debajo de
mi cama para que no me los saquen.
Cuando
tengan hijos, voy a poder vender mucho pescado y tal vez me haga rico y después
viviré sin trabajar.
Pero la
Domitila, que es tan intrusa, ya llegó a mi cuarto preguntando:
—¿Qué
porquería tiene aquí con olor tan malo?
—No hay
ningún olor —le dije.
—Yo
diría que tiene algún pescado podrido... —alegó.
—Siempre
en la costa hay olor a pescado y a mar —le dije y se fue por fin.
Pero, en
la tarde, Javier comenzó con las mismas:
—Yo sé
que tienes alguna cosa podrida aquí en el cuarto y, si la descubro, te la voy a
botar.
Por
suerte, en ese momento, lo llamó el chiquillo de enfrente y se fue con él.
Entonces aproveché para sacar mi criadero del cuarto y llevarlo a una parte
donde no hay intrusos. Lo guardé en el armario de la ropa, porque ahí no vive
nadie y nadie puede oler
Pero hay una jaibita que tiene como un
tumorcito y voy a tener que operarla para que no se muera.
Enero 26
Resulta que
mi jaibita Manuela ya estaba muerta cuando la operé. Porque no se movía y tenía
verdadero olor de muerte. Se habría muerto del tumor, la pobrecita.
Pero lo
peor fue en la tarde, cuando mi mamá abrió el armario y dio un grito:
"¡Jesús! Esto apesta a pescado podrido", y cerró la puerta de golpe.
Llamó a la Domitila y le hizo sacar todo de adentro y claro que debajo de las
chombas encontraron cada uno de mis tarros del criadero.
Mi mamá
estaba furiosa y decía que esas chombas no se podrían volver a usar y me
buscaba y me buscaba por toda la casa.
Pero yo
estaba jugando al invisible y no me podía encontrar y retaba a Javier y él
juraba que él no era, pero de todos modos, le sirvió el reto a cuenta de los
que yo me he llevado por él.
Cuando
uno es invisible no puede toma té y se siente un hambre terrible, porque hay
que esperar que la Domitila se tome sus tres tazas bien descansadas para que se
vaya de la cocina.
Entonces
uno entra y se come lo que encuentra, y si encuentra el postre de la comida,
tiene que comérselo porque el hambre es peor que una enfermedad. Y, aunque uno
sabe que se puede, armar boche por lo del postre, se lo come y se lo come
porque no se puede aguantar.
Después
tiene que seguir invisible, y uno siente que llaman al garaje para saber si uno
está ahí, y preguntan y preguntan y no saben qué pensar. Tero cuando uno es
invisible, aunque le den pena los que lo busquen, uno no puede aparecer y sigue
invisible. Y, de repente, le da miedo de quedarse invisible para toda la vida.
Y da como sueño y flojera de que lo vuelvan a ver y uno bosteza y bosteza...
Enero 27
Lo que
pasó no fue culpa mía. Yo solamente estaba jugando al invisible y, como me
había encerrado en el armario de las escobas y de los tarros tanto rato, tal
vez me quedé dormido y no desperté sino al otro día, cuando la Domitila sacó la
escoba para barrer.
—¡Santo
cielo! —gritó la muy chillona—. Aquí metido y durmiendo, cuando anda hasta la
policía buscándolo. Ahora si que le va a llegar de veras. El patrón le va a
romper los huesos.
—Yo no
lo hice adrede —le expliqué, pero ella estaba como atontada y no entendía.
Entonces no me quedó otra que ponerme a llorar hasta que se le ablandó el
corazón.
—Me da
lástima, mi pobrecito —dijo por fin—. Me gustaría librarlo de los palos. Tómese
primero un buen desayuno y pensaremos algo para decirle al patrón.
—¿Qué
pensaremos, Domitila?
—Alguna
mentira, naturalmente.
—Esa la
tendrías que decir tú, porque yo no miento.
—No será
la primera ni la última —dijo riéndose y se tomó la cabeza para pensar. La cabeza
de la Domitila tiene una permanente como nerviosa de crespitos duritos y
algunos son como colorines y otros no. Y las manos brillantes me recordaban a
mis jaibitas, si hubieran crecido como yo quería.
—Yo le
diría que Javierito lo encerró —me dijo con cara de artista de cine—. Eso es un
testimonio.
—Pero
usted no quiere que digamos la verdad.
—Claro
que no.
—Entonces,
entre una mentira o un testimonio, da lo mismo. A no ser que usted prefiera que
lo castiguen a usted en lugar de él.
—Mejor
sería que dijéramos que tú me encerraste —le dije.
Se quedó
pensando un rato y después me preguntó:
—¿Y qué
me daría usted porque yo me echara la culpa y dijera que yo le puse la llave?
—Dime tú
lo que quieres.
—Es que
lo que yo quiero usted no me lo puede dar.
—Dímelo
primero y yo veré.
—Quisiera
salir esta noche y no volver hasta mañana, porque tengo una diligencia que
hacer.
—Le diré
a mi mamá que te dé permiso.
—Ella no
me deja salir de noche. Además tengo que servir la comida y comen tan tarde...
—suspiró.
—Lo de la
comida se puede arreglar. Es cuestión de que conviden al papá y a la mamá a
comer afuera.
—Naturalmente.
Así no se daría ni cuenta porque yo volveré tempranito.
—Yo me
encargo de que los conviden —le dije, y entonces ella subió con la bandeja del
desayuno y al poquito rato me llamó mamá a su cuarto. Y mi mamá estaba tan
cariñosa y mi papá también y dijeron que por suerte, como ya me había perdido
antes, ya no les daba ni miedo de que me pasara algo, pero criticaron a la
Domitila y la idiotizaron y yo tuve que hacerme el que tenían razón. De todos
modos como le voy a devolver el favor a la Domitila, no me siento canalla ni
cosa por el estilo.
Desde el
almacén llamé a la tía Lala y le pregunté si le gustaría que el papá y la mamá
fueran a comer con ella. Que yo sabía que ellos tenían muchas ganas de ir, pero
no se atrevían a pedirle que los convidara. Que no dijera nada de mi llamado,
que yo después le explicaría y que telefoneara luego a la casa. La tía Lala me
prometió hacerlo y, cuando llegué a casa, ya estaba hablando con mi mamá. De
modo que ya le pagué el servicio a la Domitila y estamos a mano.
Enero 28
Después
que yo ya sabía que cuando uno trata de ser bueno sale todo al revés, se me
olvidó cuando ayudé a la Domitila. Y ahora lo que pasa es que mi mamá la quiere
echar. Porque resulta que todavía no ha llegado y ya es la hora del almuerzo y
no hay quién barra la casa, ni haga una cosa ni pele una papa. El desayuno lo
tuvo que hacer mi mamá y rezongó tanto, tanto que era como si me martillara la
cabeza. Javier y yo arreglamos la pieza y se nos rompió la lamparita del
velador. Mi papá dice que si la echa se queda sin nadie todo el veraneo. Por
fin, cuando mamá volvió del almacén con unos huevos, jamón y tomates, telefoneó
la Domitila para avisar que se había caído del micro ayer en la tarde y que
había estado aturdida hasta ahora. Mi mamá no le cree, pero dice que hay que
hacerse el que uno le cree porque si no es peor. En todo caso, Javier y yo
vamos a tener que lavar los platos con la mamá y nadie puede salir para que no
quede la casa sola.
La pobre
Domitila llegó tan cansada que tuvo que dormir toda la tarde y yo no salí para
abrir la puerta y resulta que nadie tocó el timbre. Así es que, al último me
asomé a la calle y pasó Buzeta en auto y me invitó y salí a dar una vueltecita
y resulta que, cuando volví, se había quedado la puerta abierta y habían
entrado a robar, y se robaron el servicio de té del comedor. Mi mamá estaba
echa una furia con la Domitila por haber dejado la puerta abierta o por estar
durmiendo, pero la cuestión es que en todo caso después no le dijo casi nada
para que no se fuera.
Febrero 10
Mañana
nos vamos al campo. Estoy feliz. Viña era muy aburrida. Es claro que Javier,
como anduvo en lancha, se cree genial. Yo no aprendí a nadar porque el mar ni
lo deja a uno. Además le dio por castigarme con la cuestión de la ropa y mi
papá se puso firme en que no me compraran más que un par de pantalones y una
camisa y, cuando se ensuciaban, me dejaban sin salir. Esto lo llaman educar y
yo lo llamo tenerle pica a uno. Por lo demás, yo creo que los grandes también
se aburren porque todo lo encuentran caro, y van a la ruleta y cada vez les va
peor. Y papá y mamá pelean por la ruleta y el pobre papá está desesperado con
los gastos, así es que vamos a economizar. Además, como se va la Domitila, no
hay quién haga nada y hay que volverse.
También
esta casa es fea y ajena y me revientan las casas ajenas.
Es una
lástima que sea pecado ser ladrón, porque es la única manera de ganar plata y,
además, de no aburrirse. Me cargan los ingenieros, los abogados, los tapiceros
y los profesores.
Ya están
listas otra vez las maletas y mi mamá bien confundida y a cada rato llegan
cuentas y más cuentas. El pobre papá debe tener ganas de llorar porque no sé
cómo va a pagar tanta cosa. La vida sería regia si uno pudiera borrar algunas
cosas y algunos días. Yo creo que mamá y papá borrarían este mes y serían
felices.
¡Qué
lindo es viajar! Qué importa hacer maletas con tal de viajar y pasar por campos
y estaciones y gente que uno no vuelve a ver. .
Mañana
me voy a levantar muy temprano para ayudar a arreglar la casa y voy a ser tan
económico que mi mamá tendrá que agradecérmelo.
Febrero 13
Por fin
estamos en el campo. ¡Qué felicidad poder andar sucio y sin zapatos! Además,
¡qué económico! Aquí no venden barquillos y en un mes vamos a ahorrar en
barquillos lo menos cien pesos. También la fruta no se paga y la comida tampoco
porque estamos alojados en casa de la tía Rosarito. La mamá y el papá tuvieron
que irse a unas diligencias y nos dejaron a cargo de la tía Rosarito. Nos
encanta estar a cargo de ella aunque no contesta ni mira, porque se lo pasa
sentada en una silla mascando algo que no se traga y pensando en algo que no
dice. A ella no le importa que se rompan las ropas ni que lleguemos tarde a
tomar té. Me gustaría que la mamá se demorara mucho en sus diligencias porque
así descansa de nosotros y también porque Javier y yo tenemos mucho que hacer
antes de que ella vuelva.
Con
Javier salimos a caballo todo el día. Ahora, él es bien amigo mío y los dos
somos amigos del Chirigüe. Hay un caballo ciego que me da mucha pena y le doy
de comer con la mano.
Hicimos
un picnic con Javier y nos comimos seis huevos cada uno y una sandía cada uno.
Después nos dimos un baño de barro y otro de agua del estero.
Salimos a caballo ocho veces en el día y anduvimos en carreta y en tractor.
También aprendimos a lacear y a lechar vacas. Lo importante es la cola porque
colea los ojos. También regamos la chacra y no tomamos té porque la leche de vaca
es rica en el balde. Y ahora nos acostamos sin desvestirnos porque vamos a
salir a las cuatro de la mañana para cazar con el Chirigüe.
Hoy fue
un día perfecto. El día más feliz de mi vida, creo.
Febrero 15
Parece
que sucede algo muy tremendo. Mamá ha telefoneado cuatro veces y cuesta 300
pesos cada comunicación. Son 1.200 pesos tirados a la calle, de manera que es
algo grave. La tía Rosarito no puede hablar por teléfono porque es sorda y cada
vez que la mamá telefoneó, nosotros no estábamos. Por fin llegó un telegrama
que decía: "Detenida por acontecimientos. Regresaré mañana. Cariños".
En la noche tuve un sueño raro. Soñé a la mamá detenida por los
"acontecimientos", que eran hombres vestidos de
uniforme y llenos de clavos, algo como las ' sillas del comedor. Y mamá trataba
de librarse de ellos. Entonces, yo le prendía fuego a la casa y los
acontecimientos se derretían.
A ratos,
siento pena por mi mamá que ha sido detenida, pero después pienso que es culpa
de mi sueño y se me olvida. Le dije a Javier que deberíamos ir donde ella y él
se echó a reír. De todos modos, si él no me acompaña, iré solo a salvarla. A la
tía Rosarito le dan unos ataques y hoy le iba a dar uno y no le dio y la pobre
se pasó el día esperándolo.
Hoy lo
pasamos choriflai porque aprendimos a herrar caballos y a encender la fragua.
También hicimos una chacra y comimos fruta hasta que me dolió el estómago.
Lo único
malo es que la tía Rosarito, que era tan buena, se está echando a perder por
completo. Hoy se cortó la leche y se enfureció.
A la
chancha le llegaron nueve chanchitos y nos los repartimos entre Javier y yo y
tía Rosarito dijo que eran todos de ella. Nos tiene pica a Javier y a mí y dice
que somos insoportables. A uno le da como pena pensar en su mamá y que otros
digan que sus hijos son insoportables. ¡Si ella supiera!
No sé
cómo se nos desparramó la paila del manjar blanco, y, aunque lo recogimos y
limpiamos, la vieja picara de la tía Rosarito adivinó y nos dio un reto
terrible. Duele mucho que lo reten a uno cuando no son sus padres.
Febrero 16
Hoy se
cortó el agua y nadie se lavó. A Javier le sigue doliendo el estómago y yo le
preparé unas uvas con zarzamora y se mejoró. Voy a escribirle al papá para que
me mandé una escopeta nueva para cazar patos y también patos para aprovechar la
escopeta.
Porque
resulta que el campo es la parte donde no pasa nada. No hay choques de autos,
los caballos no se escapan ni se encabritan, los empleados no pelean y pudiendo
pasar tantas cosas, no pasa nada.
Desde
que llegó la mamá casi no se puede hacer nada. Se lo pasa tejiendo con la tía
Rosarito y quiere que andemos limpios y todo. Ella está tan aburrida que quiere
que nosotros nos aburramos.
Cuando
uno está aburrido, de repente se le ocurren ideas. A mí se me ocurrió hoy una
idea estupenda, pero se me olvidó. Ojalá que mañana me vuelva.
Resulta
que los ricos son la gente más mala. Hacen trabajar a los pobres como animales
para apilar sus millones. Ellos mandan sembrar los zapallos y las papas y todo,
y después se embuchan la plata que es del pobre porque él hace el trabajo. El
rico le roba al pobre y a mí me da vergüenza ser hijo de rico. Yo le regalé a
Soto mi frazada y doña Rosarito y mi mamá armaron una pelotera y querían que se
la fuera a quitar, pero yo no fui. Ya me estoy acostumbrando a las peloteras y
no me importan mucho. Cuando hay mucho boche me voy a ayudar a Soto y se me
olvidan los retos cuando estoy con él.
Lo único
que ha pasado es que se murió una viejita y le fuimos a rezar, pero resulta que
nadie le rezaba sino que le conversaban o le lloraban y a mí me dan vergüenza
los muertos. Entonces Soto me dijo que le consiguiera una botellita de vino
para la fatiga y yo me metí a la bodega y se me rompieron cuatro. Era como si
le saliera sangre de narices a un elefante, todo el suelo rojo. Y yo quise
recogerlo y la única manera era con la lengua. Después, fuimos con Zúñiga y
Soto al despacho pero yo estaba tan enfermo que me tuve que acostar.
Febrero 20
Ya no tenía ni ganas de escribir porque es tanto lo que lo
retan a uno en el campo que se quitan las fuerzas hasta de escribir. Javier
cree que lo que pasa es que mamá se aburre como caracol con la tía Rosarito,
teje que teje. La cuestión es que hasta lo de las botellas me lo refregaron
ayer. Y con la cuestión de la cosecha de las papas también hubo rosca porque
con Javier jugamos a que los sacos eran montañas y saltábamos por las montañas
y unas montañas se rompieron y rodaron las papas hasta el comedor. La culpa es
de que usen sacos tan viejos.
Ayer
estábamos tan aburridos que hicimos una fogata inmensa y se llenó la casa de
humo y se quemó la zarzamora y el fuego no se quería apagar porque le dio por
soplar viento. Javier y yo corríamos con el balde de agua, pero se desparramaba
todo y ni pensaba en apagarse hasta que llegaron Zúñiga y Soto con palas y
otras cosas Lo malo fue que alcanzó a ver el fuego mamá y a la tía Rosarito le
dio el ataque y mi mamá nos mandó a la cama a los dos.
Mamá
llamó al papá por teléfono y nos acusó y nos vamos a ir a Santiago sin haber
gozado del campo.
Febrero 22
Resulta
que no nos fuimos porque el papá anda buscando casa para cambiarnos y no ha
encontrado, así que la mamá se fue hoy para ayudarlo. Nos tuvimos que quedar
aquí, pero, por suerte, la tía Rosarito está con catarro en cama y entonces es
menos aburrido. Salimos a caballo con Zúñiga y comimos dos sandías y después
choclos en casa de él. Y también trillamos un poco y el tractor lo manejamos
los dos con Javier. Pero lo malo fue que Javier se cayó del caballo y creíamos
que estaba muerto. Pero no era más que aturdido, que es como durmiendo, y
después tenía unos chichones y nada más.
Marzo 1
Ya
estamos instalados en la casa nueva que se llama "departamento". Aquí
uno topa a cada rato y es terriblemente limpio. No se puede tocar nada y uno no
puede andar más que con las manos en los bolsillos para no tocar.
Por
suerte que volvió Domitila y nos trajo huevos del campo.
Nos
compraron ropa nueva y fuimos a matricularnos a un colegio de internos. Tal vez
sea mejor que vivir en un departamento. Aunque la cuestión del ascensor es
bastante encachada.
Parece
que se mató un caballero por amor en el piso de arriba. Yo no me mataría ni
siquiera por un auto de 18 cilindros. Yo sé que matarse es el pecado más grande
que se puede cometer porque es el último pecado que se comete. Ayer fuimos al
cine y era todo de amor. La radio también habla de amor y de besos y los cantos
son igual. Antes no era así, pero ahora todo se vuelve puro amor.
Vinieron
los jueces y la policía a ver al caballero que se mató por amor, pero en el
diario sale que se murió de función. En el diario lo alababan mucho. Siempre
alaban a los muertos y a los vivos no.
Después
se llevaron al muerto y resulta que el cajón no cabía en el ascensor y lo
bajaron parado.
Resulta
que Javier está enfermo con fiebre y hay que andar en puntillas para que el
perla no despierte. Yo sé que no se piensa morir, pero él se hace el moribundo
de abusador que es.
De todas
maneras, me hice amigo de Armando, un cabro del 5° que tiene tren eléctrico y
pasé todo el día con él.
Marzo 3
Hasta
mañana, cuando bajé a repartirle pan a los perros, había una mujer con cara de
bruja y que los corría con un palo. Era negra y sucia y sus brazos parecían
cordeles podridos. Cuando los perros se acercaban, ella los amenazaba con el
palo y, cuando se iban, ella recogía el pan y lo echaba en su saco.
A mí me
dio tanta rabia que le dije: —¿Por qué le roba el pan a los perros? ¿Con qué
derecho?
—Con el
derecho del hambre —me contestó, y tenía una cara de furia.
Entonces
yo subí en el ascensor y le traje todo el pan y el queso que encontré y también
un vuelto que había en la cocina. Yo sé que tengo buen corazón, pero no me
gusta pensar en que soy bueno, porque me da por ser mejor y se me quitan las
ganas de hacer lo que tengo gana y me da por regalar mis cosas, etc.
La mamá
echó de menos el vuelto y le echó la culpa a la Domitila y se armó la pelea. Yo
les dije que era yo el que lo había tomado, pero ellas ni me oyeron porque
estaban furiosas. Ahora quiere irse la Domitila y resulta que es la única que
me quiere y me da cosas y me consuela cuando estoy triste.
Marzo 15
Ya estoy
de interno. Nos trajo el papá esta mañana y había un enredo de gente y tanto
eco de voces que uno se mareaba.
En este
colegio no hay nadie conocido y uno se siente pésimo. El Padre Carlos dice a
todo que "sí" mientras le hablan y está pensando en otra cosa.
Los
chiquillos se creen muy sabios porque uno es nuevo y se secretean y se ríen,
pero Javier le pegó a dos y ahora no se ríen tanto.
La
comida es rica y el dormitorio bien grande. Yo no sé qué voy a hacer para
encontrar mi cama. A ratos pienso que era más feliz antes, pero, cuando pienso
en que de todas maneras voy a crecer, y ser grande, y salir del colegio, me
consuelo.
Tengo un
amigo que se llama Roberto Ugarte y tiene dos dientes quebrados en un choque de
autos. El también es nuevo y tiene un papá terriblemente millonario y lo pasa
estupendo en su casa y le dan cincuenta pesos todos los días. Su casa tiene
cuatro teléfonos y cuatro máquinas de escribir y tres autos. Javier también se
hizo amigo de él porque anda todo el tiempo conmigo ahora.
Marzo 16
Resulta
que Ugarte no piensa en haber chocado en auto, sino que está mudando los
dientes. Peleé con él porque es un farsante que me dijo que tenía dos papas y
dieciocho hermanos. Entonces me hice amigo con Fidel Ríos que es muy flaco y
todos se ríen de él. Él tampoco tiene ningún amigo y ahora, porque soy su
amigo, se ríen de los dos.
Hoy me
dolió el estómago y se me saltaron las lágrimas de pensar que no puedo
contárselo a mi mamá. Entonces hice promesa de no hablar para que se me quitara
y se me quitó. Resulta que tuve que hablar porque se me olvidó lo de la promesa
y me volvió a doler. Entonces hice promesa de no mirar nunca para atrás y se me
pasó de nuevo.
Fidel
Ríos anda todo el tiempo detrás de mí y ya me está cargando un poco. De todos
modos, le estoy enseñando a pelear y a ser hombre, y le explico que cuando a
uno le dicen una cosa que da como calor a la cabeza, hay que pegar un puñete.
Javier
ya tiene un amigo y ni se acerca a mí. Nos preguntaron la lección y por suerte
la contesté bien. Uno se siente muy gallito.
En la
noche hubo rosca en el dormitorio porque a un chiquillo le metieron unos
chocolates reventados en la cama y le robaron el pijama.
Él se
acostó sin pijama y, cuando se fueron los curas, se levantó en calzoncillos y
agarró a golpes a Souza, creyendo que era él. Los partidarios de Souza les
pegaron a los partidarios del sin pijama y se armó como una guerra. Hasta que
llegó un cura y todos se hicieron los dormidos, pero un poco tarde. Nos
castigaron a todos para mañana.
Es raro,
pero cuando uno está interno no importa que lo castiguen. Uno queda tan poco
feliz como antes.
Marzo 17
Esta
mañana comulgamos y cantaron unos gallos en la misa y me dio casi éxtasis. Era
tanto lo santo que me sentía que hice promesa gratis de no comer chocolate y ni
siquiera me acordé que era domingo. Y justo que en la tarde vino a vernos la
mamá y nos trajo chocolates.
Tuve que
probar los chocolates para que mi mamá viera que no estaba enfermo y entonces
tuve que dejar la promesa para cuando se me acabaran.
Los
chiquillos tienen los papas y las mamás más raros que los vienen a ver y unas
hermana con carteras y pinches en el pelo. Debe ser bien raro tener hermanas.
Son tan mironas y se ríen cuando debían estar serias.
Fidel
Ríos seguía detrás de mí hasta que me dio la rabia y le dije: "¿Sois cola
mía, acaso?", y llegó Ríos y me plantó un golpe. De todas maneras,
me habría caído sin su bofetada, porque estaba tan a la orilla de la grada del
patio, que una mosca me podía hacer caer. Ahora resulta que Ríos se cree un
matón y ni se acuerda di que yo le enseñé a pelear.
2 de la mañana
Pasó
algo tan terrible que es mejor que lo escriba en mi diario porque me gustaría
contárselo mi mamá, y se me puede olvidar.
Estábamos
durmiendo muy tranquilos cuando, de repente, despertamos con un ruido atroz. Es
decir, Ríos y yo, porque los demás seguía durmiendo. El cuarto se iluminaba con
una luz refulgente y después entraban unas sombras de fantasmas con olor a azufre.
Al poco rato, volvía a oírse el ruido tremendo. Ríos y yo nos metimos en mi
cama llenos de miedo y, aunque queríamos despertar a los demás, no nos
atrevíamos a bajarnos al suelo. Nos temblaba el catre y no sabíamos si
estábamos soñando una pesadilla. Ni podíamos hablar porque volvían las luces y
los fantasmas y el olor y el ruido. Pero los demás seguían durmiendo. De
repente, se abrió de par en par una ventana y entró un fantasma enorme y
mojado. Tenía mil pies pequeños que pataleaban en el suelo como si escribieran
a máquina y su respiración era tan helada que nos metimos debajo de la ropa. A
través de la ropa se veían las luces, los golpes nos hacían saltar y ese ruido
terrible que se acercaba y se acercaba. Yo le dije a Ríos al oído:
—Este es
el fin del mundo. Recemos.
—Reza
tú. A mí se me olvidó —me contestó y, junto con oír esto yo, también me olvidé
hasta el Padrenuestro. Y todo el tiempo se oían golpes y más golpes y luces y
estampidos. El pobre Ríos tiritaba tanto que me hacía tintar a mí. En esto,
empezó un lamento muy grande y muy largo que venía desde lejos y se acercaba
como un avión. Yo apreté los ojos y los dientes y me tapé los oídos y
Ríos comenzó a gritar más fuerte que el lamento.
Hasta
que por fin se despertó el Mocho y encendió la luz del dormitorio. Cerró la
ventana, sacó a Ríos de mi cama y le dio unas gotas en un vaso de agua y dijo
que era muy nervioso.
—No es
más que una tempestad eléctrica —dijo riendo con su cara ancha como de rana y
se quedó muy convencido. Es claro que él despertó con los gritos de Ríos y no
vio ni oyó nada de lo terrible que había pasado antes. Por eso lo llamó
tempestad eléctrica. De todas maneras, se veía tan raro en camisón de noche que
a uno se le borraban los fantasmas que acababa de ver, por mirarlo a él que
parecía un barrilito con patas. Pero de ninguna manera se puede dormir cuando
uno ha visto y oído lo que yo vi y oí y uno se queda como esperando que vuelva
el fenómeno y aparezcan de nuevo los fantasmas, las luces, el aliento helado y
el monstruo con mil pies.
Si mi
mamá supiera lo que pasa en este colegio embrujado después de medianoche...
Lunes 18
Resulta
que en este colegio hay una banda de ladrones invisibles. Yo sé que son malos o
tal vez no, pero de todos modos me da mucha rabia que no me hayan convidado a
ser ladrón. Ahora sé lo que es ser policía. Es la pica de no ser ladrón la que
los hace buscarlos. Porque claro que no hay nada más lindo que hacer cosas
misteriosas. A mí me robaron mi lapicera y un libro, pero no estoy muy seguro
si tenía el libro o no, pero en todo caso sirve para buscar al ladrón. Cariola
ha organizado una pandilla para buscar al ladrón. A mí me nombraron Oficial de
Reserva porque se me habían perdido tantas cosas. Es decir, yo tuve que decir
que me habían robado una cantidad de cosas para que me recibieran en la
pandilla. Me encargaron que dejara mi chomba nueva encima de la cama para ver
si se la robaban, pero como nadie se la robó, tuve que esconderla detrás del
pizarrón. Y cada vez que podía, iba a ver si estaba ahí, hasta que la última
vez que fui no estaba, y se la habían robado de veras. Entonces cité a la
pandilla a reunión y les conté lo que pasó y cuando apenas estaba hablando,
Cariola me dio un golpe y me dijo que yo era un idiota y un farsante y todos se
rieron de mí. Son unos canallas y los aborrezco a todos, hasta Javier.
Tengo
unas ganas terribles de morirme.
Marzo 20
Dije que
me dolía el estómago y me quedé en cama porque me carga el colegio y todos,
todos son unos imbéciles.
Ayer se
cuchicheaban delante de mí y me hacían burla y yo no podía pegarles porque eran
tantos. Y tengo ganas de matar a Cariola que es el culpable de todo.
Cuando
entré al dormitorio, descubrí que me habían robado mi diario y lo estaban
leyendo y riéndose. Me tiré encima de ellos y se los quité y casi me mataron.
Por suerte, entró el Mocho en ese momento y me libró de la muerte.
Son unos
cobardes: ¡todos contra uno!
Aunque
Cariola vino a verme esta mañana, de todas maneras lo odio y todavía quiero
matarlo y lo malo es que no me puedo confesar hasta que no se me quiten estas
ganas.
Marzo 23
Hoy sucedió un accidente. Cariola se cayó del trapecio y se
quebró un brazo. Vino la Ambulancia y se lo llevó. Todos nos quedamos con frío
cuando se fue, y eso que hacía calor.
No sé
por qué siento todo el tiempo algo raro en el brazo que se quebró Cariola, es
decir en mi brazo y pienso y pienso en Cariola y eso que lo perdoné bien
perdonado y ya no quiero matarlo. Ya me puedo confesar y todo, porque ya no lo
odio y casi lo quiero un poco, pero si me acuerdo de él cuchicheando, lo odio
otra vez.
Cuando
entramos a la Capilla hice una promesa porque se mejorara Cariola: que su mamá
se vistiera de Lourdes y que no comiera más dulces en su vida. Una mamá bien
puede hacerlo por su hijo.
De todas
maneras, mañana me voy a confesar, y como no voy a tener tiempo de hacer mi
examen de conciencia en la mañana, lo dejaré hecho esta tarde:
1° He
odiado a 19 personas;
2° He
pensado tres días en matar a uno;
3° No me
quería arrepentir;
4° He
perdido mi chomba nueva por mi culpa.
Los
demás pecados son los mismos de siempre.
Resulta que se me desparramó un tintero en mi cama
cuando estaba escribiendo mi diario yo no sé qué hacer. Lavé la colcha y la mancha no
salió. Entonces tuve que recortarle el pedazo y cuándo venga mi mamá le
encargaré uno de la misma forma. La cuestión es que ella venga antes del 1º,
que es cuando toca que nos cambien la colcha y van a descubrir lo de la
mía.
Todo
esto le pasa a uno porque le roban la lapicera. Y uno no tiene la culpa, por
eso no dan muchos remordimientos.
Marzo 24
En fin, no sé por qué a uno le pasan cosas tan terribles.
En el
colegio están haciendo un pozo inmenso y a la hora de recreo fui a verlo,
porque me habían contado que era tan inmenso que yo necesitaba verlo. Los
obreros que estaban en el fondo me convidaron a bajar y yo bajé por un cordel.
Desde abajo se veía el cielo y había un olorcito rico a tierra mojada. Como a
mí no me gusta estar ocioso, ayudé a los obreros a sacar tierra y piedras y yo
me encargaba de llenar los tarros. Estaba tan entretenido que no me acordé de
nada hasta que vi que el cielo se había puesto medio nublado y sentí un hambre
terrible en el estómago. En eso los obreros salieron del hoyo, se pusieron
zapatos y ropa y allí yo con ellos.
Eran las
seis de la tarde y yo estaba ahí desde la una y media.
Me fui
derecho donde el Padre rector y le dije lo que me había pasado.
—Ya me
habían notificado su desaparición. Hace media hora se dio cuenta de ella a sus
padres.
—Es que
no me habrán buscado cuando no supieron que estaba en el pozo —reclamé.
—Aquí,
jovencito, hay profesores y sacerdotes. No perros de caza ni tampoco
detectives. Por lo demás, el alumno que no quiere estudiar y huye de las clases
no tiene por qué estar aquí. Al fin y al cabo, es por el bien de ustedes y no
queremos a nadie a la fuerza.
—Padre
rector, yo quiero estudiar y nunca me escapé de la clase.
—Eso
podía haberlo dicho ayer. Hoy no. Este colegio tiene un reglamento y ese
reglamento se respeta. Siento decirle que está expulsado.
—Yo no
quiero irme. Quiero que me castiguen, más bien.
—¿Por
qué no quieres irte?
—Porque
no.
—Hablaré
con el Padre Carlos. Lo hago porque me ha gustado esta honradez tuya en venir a
decirme lo sucedido. Según lo que él piense de ti, te dejaré quedarte. Pero del
castigo no te libras, amigo mío.
El Padre
rector es buen tipo y el Padre Carlos, regular. Aunque me perdonó de echarme,
de todas maneras me dejó castigado por toda una semana en la clase, sin recreo
de la tarde. Y tampoco me ofrecieron té.
Ahora
tengo que escribir diez páginas con la misma tontera que dice: "Debo
considerar que mi deber es lo primero. No debo meterme en lo que no me
importa".
Si el
Padre Carlos cree que el pozo es lo que no me importa está sumamente
equivocado, porque me importa tanto que pienso todo el tiempo en él. Y me
acuerdo del Chato Espiñeira que era el oficial y tan amigo mío como nadie en el
mundo. Y uno tiene que volver a ver a sus amigos porque si no no es amigo, y
por la amistad hay que sacrificarse y yo me voy a sacrificar. Aunque me castiguen
de nuevo.
He
escrito 12 líneas con la misma tontera y ya está oscureciendo y se va acabar el
día y yo aquí pegado. Es tamaña injusticia estar castigado cuando uno no tiene
intención de ser malo.
Por eso
escribo un poquito en mi diario para distraerme porque ya no veo más que la
cuestión del deber hasta en los vidrios de la ventana.
Me gustaría que el Padre Carlos fuera chico por un rato, para
que se acuerde de lo que es esa edad.
Marzo 25
Se ha
formado una brigada de scouts y yo me inscribí porque tengo unas ganas
tremendas de conocer el mundo. Lo malo es que hay que tener $1.000 para el
equipo y no sé de dónde sacarlos.
Estoy
pensando y pensando de dónde sacar los $1.000 y por eso no escribo más.
Se me
ocurrió la idea de hacer tareas pagadas. Ya estoy tan acostumbrado a escribir
la misma cosa y además, como no puedo ir a recreo en las tardes, aprovecho.
Cada tarea la cobro a diez pesos y los castigos a cincuenta pesos. Así he
juntado ya trescientos pesos que me los deben entre varios. Por lo demás, yo tampoco
he hecho todo el trabajo, sino que una tarea y medio castigo de Achondo. En
todo caso, si junto trabajo por $200 cada tarde, en los cinco días que me
quedan sin recreo voy a tener mis $1.000. No puedo escribir más para no perder
tiempo.
Abril 1
Hoy vino
mi papá a vernos y Javier le mostró sus buenas notas y papá le regaló $1.000
para su equipo de scout. Yo tenía notas bastante buenas, pero no me atreví a
mostrárselas y no me dio más que $100. En todo caso, hoy me han pagado ya $80
de mis trabajos, pero me deben $90 más.
Se me
había acabado el castigo, pero resulta que me vinieron unas ganas tan tremendas
de ver al Chato Espiñeira que me escapé un rato al pozo, y me volvieron a
castigar.
En
realidad, me gusta estar castigado porque gano plata y también porque el Chato
Espiñeira me prometió hacerme un par de ojotas si yo le consigo una llave de la
bodega.
Abril 2
Me costó
bastante conseguir esa llave. Resulta que como no pude conseguir la llave de la
bodega, me pesqué la de la Capilla que se había quedado puesta y después tuve
que ir al pozo a la hora del almuerzo y llegué un poco tarde a almorzar y tuve
que ir a otra parte para decir la verdad y jurar que había estado en esa parte.
La
cuestión es que ya me deben $120, pero no puedo escribir más en el diario
porque tengo que trabajar.
Abril 3
Ahora me
deben en total $350 porque le presté al Chato Espiñeira los $100 que me dio mi
papá y los $80 que me pagaron. Ya sólo me faltan $650 para tener mis mil.
Anoche
se entraron a robar a la Capilla y se llevaron unos candelabros de plata y dos
floreros y una lámpara que valía diez mil pesos.
Se ha
armado un boche tremendo en el colegio con esta cuestión del robo y han venido
unos agentes que se paseaban por todas partes.
Me estoy aburriendo de que nadie me pague, así es que a la
salida de clase, esperé a Gómez y le pedí mis $90.
Se picó
y me dijo que yo era un mal amigo porque cobraba los favores. Yo le dije que no
eran favores sino trabajos y él soltó la risa.
—Para
que veas que ninguno piensa en pagarte —me dijo, y me vino una rabia a la
cabeza que le pegué una bofetada y le salió sangre de las narices.
El Padre
Carlos me vio y me arrestó. Me preguntó por qué le había pegado, pero yo no le
dije más que porque tenía rabia. Entonces Gómez, cuando se le paró la sangre,
me vino a decir que yo era un "gran tipo". A mí se me infló el pecho
y Gómez me dijo que en cuanto pudiera me iba a pagar y que iba a obligar a que
todos me pagaran.
Ahora
somos tan amigos que los dos nos contamos los secretos y Gómez es más amigo mío
que de nadie, y eso que es el primero de la clase y todos lo siguen y yo no
tengo necesidad.
Yo estoy
muy contento de ganarme la vida solo y no como Javier que pide plata para las
cosas de él.
A ratos
me dan ganas de no cobrarle la deuda al Chato Espiñeira que es tan pobre, pero
a ratos me da lástima yo mismo que trabajo a horas extras, y se la cobro. Él me
ha prometido pagarme el sábado, que es mañana.
A ratos
me dan ganas de hacer un gran invento y casi me viene la idea, pero resulta que
no tengo tiempo. En todo caso, debe ser estupendo para los padres de uno tener
un hijo genial.
Abril 4
Hoy fui
al pozo a ver al Chato y no había nadie. Pero, buscando rastros, me encontré
con un paquete y lo desenvolví y eran mis ojotas. Y dentro había una carta para
mí del Chato. La letra es pésima y las palabras todas como cortadas y decía
así: "A quí le de jo lo pro me ti do y lo que le de bo se lo si go de bien
do por que ya no tra ba ja re más a quí. Espiñeira", y lo peor es que
adentro de la ojota estaba la llave de la Capilla. Yo fui a ponerla en su
lugar, pero ahora no le hace porque le cambiaron la cerradura.
Gómez
sigue siendo muy amigo mío y me ha pagado ya veinte pesos, pero ahora no quiere
ayudarme a cobrarle a los demás, sino que me dice que cobre anticipado y así
estoy más seguro. Ya escribo tan ligero como una máquina y, sobre todo, ahora
me encanta escribir todo el tiempo la misma cosa y me cuesta mucho hacer el
diario porque cada palabra es distinta.
Abril 5
Hoy
salió Gómez al dentista con su mamá y me trajo de regalo cinco petardos.
Hicimos los dos una bomba y la pusimos misteriosamente en el dormitorio debajo
de la cama de Pérez que es tan amujerado y, cuando todos estaban dormidos, le
prendimos la mecha y estalló. El pobre Pérez se cayó de la cama, yo creo que
del susto, y llegó el Padre Carlos y nos preguntó a todos quién fue. Y nadie
dijo nada, así es que quedamos todos arrestados, menos Pérez. Peor para él
porque tiene que quedarse solo.
Es muy
bueno tener las muelas picadas porque así uno tiene que ir al dentista con la
mamá. Y para picarme las muelas, me las escarbo con un alfiler y me pongo ahí
cosas picantes, como ají, por ejemplo.
En
cuanto se me pique, voy donde el Padre a decirle que tengo que ir al dentista.
Ahora
estamos amaestrando pulgas con Gómez. En la casucha del perro pillamos ocho
pulgas y las guardamos en una cajita de fósforos, y en el patio las amaestramos
una por una. Sobre todo, que mientras amaestramos una se escapan las otras y
también nos pican bastante. Pero la Victoria que es la amaestré y ya sabe hacer
lo que le estamos enseñando. Le damos comidita de carne y está bien gordita.
Resulta
que mis notas del mes estaban tan pésimas que perdí mi libreta en el pozo y
ahora tengo que esperar otro mes para comprar una.
Abril 7
Estoy
enfermo y me tienen en la enfermería con rubiola. Es una peste igual que las
picadas de pulga, pero vino un doctor con cara de campeoncito y dijo que era
esta peste. Me llama "mi amigo" y me pregunta si me gustan los
soldados pero yo no le contesto porque me gustan regular.
Me dan
limonada y me prestan los álbumes de fotos que son todos iguales. El Padre
rector me vino a ver y me contó un milagro. El enfermero es tan turno que se le
cruzan los ojos y es todo hecho como de goma de borrar y a cada rato uno cree que
se va a borrar. Da una rabia oír jugar a los demás allá en el patio...
En el
techo de la enfermería hay una arañita y una grieta que parece un río de mapa.
Me contó
el enfermero que en esta misma cama se han muerto tres chiquillos: uno de
peritonitis, otro de meningitis y otro de otra cosa en itis.
Gómez me
mandó la Victoria en su cajita y me entretengo tanto con ella, porque a cada
rato se escapa y se me pierde y cuesta encontrarla.
Dicen
que mi peste es una epidemia y que va a caer todo el colegio.
Uno es
bastante importante de traer una epidemia al colegio.
Dicen
que hoy empieza la Semana Santa y hay que hacer sacrificios. ¡Qué más
sacrificios que no poder bañarse en el mar ni ir al cine! Además, yo hago el
sacrificio de reventarme con un alfiler todas las picaditas de la peste.
Abril 9
Aunque
ya me mejoré de la rubiola, ahora hay 27 enfermos de mi clase y somos sólo tres
los sanos, porque los otros cinco salieron por Semana Santa. La enfermería
ahora es en el dormitorio y el dormitorio en la enfermería.
Hoy es
Miércoles Santo y en la tarde me vendrán a buscar y no vuelvo hasta el martes.
Iribarra dice que se va a ir a la cordillera con su traje de scout. Yo creo que
es aburrida la nieve porque hace un frío caballuno. Me cargan los scouts y todo
su equipo que cuesta mil pesos. Mientras ellos estén helándose en la cordillera
yo con Javier vamos a subir ochenta veces en el ascensor. No hay nada más regio
que el departamento nuevo en que vivimos y que tiene una terraza tremenda de
alta y en cada piso hay seis familias y uno puede hacerse amigo de un chiquillo
nuevo cada día. Y se pueden tirar cosas a la calle y se demoran mucho rato en
caer y nadie puede saber de qué piso cayeron. Por lo demás, es Semana Santa y
no debe divertirse nadie, sino que meditar.
Abril 12
Por fin
es Sábado de Gloria y se puede hacer lo que se quiere. Ayer sucedieron tres
cosas:
1° Al
caballero del departamento de al lado le dio un ataque y dicen que se puso todo
azul. No me lo puedo figurar muy azul, pero la cuestión es que vino la
ambulancia y se llenó el edificio de gente y a cada rato tocaban el timbre
aquí, por equivocación.
2° A la
empleada nueva le salió un litro entero de sangre de narices y le pusieron una
llave en la cabeza.
3° Se
quemaron los tapones del edificio y quedamos todos a oscuras y los dos con
Javier aprovechamos para ser invisibles por todo el edificio. Como no había
ascensor, era mucho más choro, porque en la escalera nos topábamos con viejas
que resoplaban de cansadas, con empleadas rabiosas, con muchachos atléticos que
subían silbando de a cuatro escalones y chocaban con nosotros y casi se
mataban, y con cocineras que llevaban la comida a calentar a otra casa que
tuviera cocina a gas, etc. A una le desparramamos la sopa y otra se resbaló en
el desparramo y rompió la bandeja. Y a lo mejor, el caballero azul ya ni estaba
azul, porque no podían verlo.
Abril 13
La
señora que vive en el 7° me quiere mucho, porque dice que soy igual a un hijo
de ella que se murió hace treinta años. Cada vez que me ve, me da pastillas y
me convida a su casa y me habla de su hijo que era muy inteligente. El hijo en
el retrato tiene cara de tonto y un cuello de mujer. Ella me mostró sus
juguetes, pero sería mejor que me los hubiera dado. Ella es viuda y era su
único hijo y dice que yo soy su primera alegría después de treinta años. Me
gusta mucho ser la alegría de alguien, aunque sea de esta señora que tiene un
poco de bigote. De todas maneras, me prometió llevarme al cine esta tarde, si
me dan permiso. Y también si le dan permiso, va a ir a verme al colegio, porque
dice que conmigo cree que está vivo el tal Miguelito. De todas maneras, cuando
pienso que Miguelito debería tener treinta y nueve años, me dan ganas de
pegarle al retrato.
Abril 14
Ayer fui
al cine con la mamá Adela, como ella me hace llamarla, y vimos una película
estupenda. Soñé toda la noche con los piratas y ahora sí que sé que ésa es mi
vocación. Voy a ser pirata en los Mares del Norte. La señora ésta me prometió
llevarme un buque al colegio el domingo. Tengo tantas ganas que ya sea domingo,
pero no es más que lunes y mañana entramos de nuevo al internado.
En el
tercer piso de este edificio hay un niñito extranjero, de cuatro años. En su
casa no hay empleada y, como su papá y mamá trabajan, lo dejan solo, encerrado
con llave. Pero Rudi es tan diablo que me pasa otras llaves por debajo de la
puerta y yo abro y entro y jugamos a tantas cosas y comemos tantos kuchen, que
lo pasamos estupendo sin hablar. Rudi se ríe todo el tiempo y abre todos los
cajones y registramos todo y nos vestimos de piratas y hacemos piraterías. A la
hora del almuerzo, yo lo dejo otra vez con llave y le paso la llave por debajo
de la puerta y nadie sabe que he estado ahí.
Resulta
que en el piso de abajo hay un hipnotizador con el pelo tan crespo como la Domitila.
Y hace dormir a la gente y conseguí que me hipnotizara a mí. Yo ni me di
cuenta, pero él dice que hice todo lo que él quería y que le hablé en griego.
Entonces
yo hipnoticé al Rudi, pero tuve que mostrarle lo que debía hacer, porque él no
sabe hipnotizarse. De todas maneras, me regaló su armónica y nos comimos un
tarro entero de mermelada. Rudi quedó feliz. Es muy rico hacer feliz a otros.
En la
noche había visitas a comer y se me cayó el diente suelto y tuve que tragármelo
para que no lo notaran.
Abril 15
Ya estamos
de nuevo en el colegio. Cada vez que me hacen escribir en el pizarrón, se me
ponen los pelos de punta y no sé cómo se me destemplan los dientes cuando casi
no tengo ninguno. También se me muerde la lengua y me carga.
Cifuentes
me dijo que su hermana Rosa quería pololear conmigo, pero yo le contesté que a
mí no me gustaban las mujeres, porque son muy cobardes. De todas maneras,
cuando vengan las visitas el domingo, me voy a fijar si es fea o bonita.
Cifuentes dice que a todos les pasa lo mismo al principio y después resulta que
es lo más entretenido pololear. Yo creo que cuando Cifuentes sepa que voy a ser
pirata no va a tener ganas que me case con su hermana. También me dijo
Cifuentes que Cariola se reía de mí. Cifuentes es muy chismoso; pero si no
fuera por los chismosos uno ni sabría lo que dicen de uno.
Por fin
esta mañana me resultó el salto y no voy a parar de saltar hasta que haga un
salto completamente mortal.
Javier
ya no se mete conmigo, porque dice que no soy su tipo y no le gusto. Dice
Cifuentes que Javier tiene una polola estupenda y que le escribe cartas. Pero
yo no lo creo, porque Javier es muy hombre.
Ahora no
me puedo dormir de puro hambriento, porque a la comida tocó pescado, y me
revienta, así es que se lo di a Gómez. Cada vez que hay pescado, me acuerdo de
mi criadero y no puedo comerlo. Y cuando uno tiene tanta hambre, no se puede
dormir. ¡Qué diría mi mamá si supiera que su hijo no se puede dormir de hambre!
Voy a
tratar de dormir otra vez.
Hacía
mucho tiempo que no veía fantasmas, pero ahora acabo de ver uno. No puedo
contarlo, porque los chiquillos sólo creen en lo que ellos ven y además los
fantasmas no se le aparecen a todo el mundo sino a los que creen en ellos. Este
fantasma no me dio terror: era un fantasma de confianza. Se acercó a mí y me
dijo al oído: "Papelucho, tú serás famoso algún día", y se
desvaneció. Entonces yo le recé tres Padrenuestros por su ánima y le pedí que
volviera mañana a las doce del día, porque la noche es para dormir.
Abril 17
Otra vez
salté bien ayer y hoy mucho mejor. Tengo verdadera vocación para campeón
mundial de saltos mortales y esto es una gran cosa para un pirata.
Javier
no creía que yo saltaba tan bien, pero me estuvo mirando y él trató de saltar y
no le resultó. Dice que tiene un calambre en la pierna, pero yo que lo conozco,
sé que es para disimular.
Abril 18
Hoy
tengo ganas de morirme y el Hermano relojero dice que "querer es
poder", así es que a lo mejor me muero.
No me
resultó ningún salto esta mañana y lo peor es que cuando uno se cae ni siquiera
se mata y queda tan machucado que no puede seguir saltando.
No
quiero querer morirme todavía por si después me resulta ganar la copa en el
concurso, pero si no me resulta, no me interesa vivir. Ayer me llamaban todos
"El águila" y hoy me llaman "El sapo".
Abril 19
Yo no
soy vanidoso, pero sé que hago las cosas bastante perfectas porque Cif me dijo
que el Padre Carlos se lo dijo a Pérez.
Me saqué
el primer puesto en la clase esta semana y otra vez salté estupendo. Es bueno
ser perfecto y no ser vanidoso, como yo que desprecio la perfección. Regalé
todas mis cosas porque las desprecio y me siento feliz regalando. Cif me pidió
mi chomba y mi pelota y se las di. Después vinieron muchos a pedirme cosas y
las di todas. Y no me creo perfecto pero Cif dice que los Padres lo repiten
todo el día.
Tengo
ganas de cantar al aire libre y creo que si hoy me pudiera bañar en el mar,
sabría nadar.
Domingo 20 de abril
Hoy tocó
visita y Cif me presentó a su hermana Rosa que es rubia y tiene dos trenzas tan
largas que parecen cordeles de columpio. También tiene muchas pecas y ojos
chiquitos y le falta un diente. Ella me dio lo mismo, es decir, no me gustó ni
me disgustó, pero como Cif tiene tanto interés en que le haga caso, yo quedé de
contestarle mañana.
Vinieron
a vernos la mamá y el papá y nos trajeron ropa limpia y caramelos y yo les dije
que se me estaba picando la muela y que tenía que ir al dentista, pero dijo mi
mamá que me la vieran los Padres.
También
vino la mamá Adela y me trajo un buquecito tan chico que no sirve para nada. De
todas maneras, me prometió otro más grande para después.
La
hermana de Gómez es colosal. Tiene unos ojos negros bien picantes y, cuando se
ríe, se le abolla la cara y da como cosquillas. Pero yo no pienso en pololearla
porque la pololean casi todos. Y también, no porque uno cumple nueve años tiene
que buscar polola.
Ahora
está lloviendo, y mientras escribo gotean las cañerías y gotea el dormitorio en
un balde. Yo no creo en la cuestión de que las lluvias son nubes derretidas. Yo
creo que son estornudos de otros planetas.
Abril 21
Al pobre
Cif se le murió el papá de repente. Lo vinieron a buscar y el pobre se fue muy
tranquilo porque creía que era un ataque no más. Yo me imagino cómo se verá la
Rosa llorando y vestida de negro. Me revienta. No pienso hacerle caso. Pero
cuando pienso en el pobre Cif, sin padre y triste, no me atrevo a contestarle
que no.
¿Cómo
serán las almas? A mí se me ocurre una cosita blanca con la forma de Australia.
Pero cada uno debe tener su alma propia. Quiero decir que el alma del Padre
Carlos debe ser hinchada y la del Padre Lynn muy rosada y blanda y la de Reyes
con hoyitos.
¿Dónde
estará el alma del papá de Cif? Yo le inventé una oración: "Dios te salve,
alma del señor Cifuentes".
Yo creo
que el caballero me debe estar muy agradecido.
Abril 22
Otra vez estoy desvelado y esperando que venga el fantasma.
Todos están durmiendo y hay tres que roncan como búfalos. Tengo mi linterna
prendida y con pila nueva, pero no tengo nada que contar. Así es que voy a
pensar.
Ya
pensé. Hice el programa de mi vida. Espero tener mucho carácter para cumplirlo.
A los 16
años me recibo de bachiller y me llevo todos los premios y honores y los vendo
para comprarme una carabela.
Pero
antes, a los 10 años, voy a ser campeón mundial de saltos mortales y voy a
saltar a beneficio de los pobres. Tal vez pueda ser "Águila Humana"
en los meses de verano y, si me pagan mucho, guardaré la plata para lo de la
carabela. En mi carabela voy a ser pirata y recorreré el mundo entero. A los 17
años me voy a casar y voy a tener el hijo más feliz del mundo porque va a
viajar conmigo. A los 18 años, voy a predicar el Evangelio entre los salvajes y
voy a morir mártir. Tal vez me muera entre los 20 y los 30 años. Depende. .
Justo
cuando apagué la luz, volvió el fantasma. No sé por qué pensé que era el alma
del papá de Cif y me puse a temblar, pero no de miedo sino de puros nervios. En
todo caso, prendí mi linterna y se desvaneció, pero en cuanto la apagué,
volvió. Así es que ahora escribo esto y me voy a dormir con mi linterna
prendida, aunque se gaste la pila.
Abril 25
Ayer no
pude escribir porque me pasó una desgracia. Resulta que al dar un salto
maravilloso, me quebré la pierna. Ni siquiera supe lo que pasó, pero después,
cuando desperté adolorido en la cama, me contaron que me desvanecí y que vino
la ambulancia y me operaron y todo.
Recién
me contaron esto, me dio por llorar porque creía que mi pierna quebrada ya no
era mía, es decir, que ya no la tenía.
Pero
después me convencí que estaba pegada y además que me dolía tanto y me
tranquilicé. Todos me quieren mucho y mi papá me compró el equipo de scout que
ya ni lo necesitaba. Pero ahora tengo ganas de mejorarme y hacer excursiones.
Me
acuerdo mucho de Arturo Prat, porque los dos pegamos el salto muy confiados y
los dos no supimos más al otro lado. Sólo que él se murió y yo no. Pero todavía
me podría morir, porque si se me complica el asunto de la pierna, hay
esperanzas. Pero no quiero morirme sin ir a la nieve con mi traje de scout y mi
cantimplora que es de aluminio verdadero, que es un metal muy fino.
Al
principio, cuando sonaba el teléfono, mi mamá contestaba con voz triste:
"Ahí está el pobrecito. Sí, muy doloroso. Lo menos para un mes. Ha sido
muy valiente. Dile a X que venga a acompañarlo. Gracias. Cariños a todos"
y cortaba. Ahora no contesta más que: "Está mucho mejor, gracias. No fue
gran cosa. Se entretiene lo más bien solito. Hasta luego". A mí me da
bastante rabia porque ella no sabe lo que es quebrarse una pierna ni lo que
cuesta entretenerse "solito".
Abril 26
Mi mamá
amaneció hoy muy cariñosa y me trajo un libro de regalo. Me moría de ganas de
leerlo, pero ella dijo que me iba a acompañar todo el día así es que lo dejé a
un lado y le miraba los dibujos. Entonces mi mamá trajo el teléfono que tiene
cordón largo y llamó a 18 partes. Yo me puse a leer con todo disimulo, porque
esa compañía no me entretenía mucho. Después salió a comprarme dulces y volvió
con un gran paquete y yo creí que eran merengues rellenos, pero resultó que
eran camotillos, que me revientan. Cuando ella salió del cuarto, yo aproveché
para esconder tres adentro de la cama. Pero ella volvió luego y dijo que me iba
a contar cuentos y en vez de contarme cuentos le dio por cortarme las uñas y
echarme para atrás los pellejitos. Y cuando estábamos en eso, llegó la tía Lala
y se sentó a los pies de mi cama y yo di un tremendo grito. Después se acomodó
en un sillón y habló toda la tarde de tonteras: de vestidos, de amigas, de
medias, de política. Y yo aguantando para leer mi libro hasta que por fin se
despidió la tía Lala y llegó la Domi con la comida.
Abril 27
El libro
que me trajo mi mamá es bastante estupendo y trata de aventuras en la selva. Es
una lástima que los piratas no vivan en la selva, pero de todos modos yo puedo
ser pirata en el verano y aventurero en invierno.
La mamá
de Miguelito me vino a acompañar y me trajo un molde de jalea de membrillo y
era tan rica que me la comí toda y ahora la aborrezco. Para entretenerme,
inventé un juego: mi cama es el mundo, las arrugas son montañas, las moscas son
gigantes y mis dedos son yo y mis cuatro hijos que recorren el mundo y son
inseparables. Lo único que hacía falta era un poco de mar en mi mundo, así es
que me conseguí el lavatorio con la Domi y resulta que hubo una tempestad y se
salió el mar, corrió por las montañas y me mojó el yeso de la pierna. Y se armó
la grande.
Mamá
llamó al doctor, y el doctor me retó porque dijo que eso podía tener
"consecuencias" y no sé lo que será eso. En todo caso, no lo podía
tocar, dijo. Y me dejó la pierna al aire para que se secara y la tengo helada y
me duele bastante. Supongo que será las "consecuencias".
Abril 28
Ese
juego de ayer era aburrido. Hoy inventé uno más divertido y es jugar a los
misterios. Mi cuarto es un reino, mi cama la guarida de un monstruo, yo soy el
monstruo. Echo llamaradas por la boca y electrocuto con los ojos y nadie me
puede tocar. Yo mato al que me da la gana, sólo con mirarlo y maté a la
Domitila cuando vino a limpiar el cuarto, y era su alma la que hacía todo.
También era aburrido ese juego, y por suerte vino mi mamá a acompañarme y
hablamos de muchas cosas y me contestó todas mis preguntas. Pero la mañana no
se acabó ni con todo eso. Hay que ver que es larga una mañana. Nadie sabe lo larga
que es...
Hoy iba
a venir Gómez a verme y yo hice sacar todos mis juguetes y mi cantimplora y
todo. Hasta me compraron helados y dulces. Tenía la colcha bien estirada y los
helados en una mesa con mantel y todo.
Vi
derretirse los helados poco a poco y empezaron a patinar en el plato y se
fueron achicando y achicando y Gómez no llegaba. Después se puso azul la luz de
la ventana. No quería que me encendieran la luz para que no se acabara el día,
pero Gómez no llegaba. Y no tomé té porque seguía esperándolo.
Después
entró mi mamá, y cuando vio la colcha estirada, los juguetes en fila y los
helados hechos agua dijo: "¡Pobrecito!", y yo me inundé de lágrimas y
lloré y lloré de puro débil que estoy.
Papá me
regaló $50 para que me comprara algo. Más ganas me dieron de levantarme...
Abril 29
Hoy me
levanté por fin y me hicieron caminar con mi pata tiesa. Y cuando estaba dando
unos pasos, entró de repente Gómez y me puse colorado como tomate. Mamá me hizo
sentar y nos dejó solos, pero a Gómez le dio por preguntarme por la pierna y de
la pierna y si iba a quedar cojo. Yo no había pensado en eso, pero ahora que se
fue Gómez, pienso bastante. Pero no me importa mucho, porque los piratas casi
siempre tienen pierna de palo. Javier también tiene vacaciones porque es el día
del Rector. Pero Javier fue al cine, y aunque convidó a Gómez, él no quiso ir
por acompañarme a mí. Es buen amigo.
La mamá
de Miguelito me mandó un libro que era de él para que lo leyera y es macanudo.
Abril 30
Hoy bajé
en el ascensor y encontré que la calle estaba tan iluminada que me dolieron los
ojos. Para subirme al auto, me tomó en brazos un chofer con el cogote tan gordo
que parecía una barriguita peluda. Y también tenía olor de fábrica. El auto era
un taxi, y como era conocido no era tan caro y nos llevó a dar unas vueltas por
el parque y a mirar el gusano. Me dieron bastantes ganas de subir, pero como
tengo $50, cuando me saquen el yeso los voy a gastar enteros en el gusano.
Cuando
llegamos a casa, vino el Padre Carlos a verme y me trajo un libro de la
biblioteca. Pero tiene la letra tan chica que es seguro que es una lata.
El
caballero del departamento de al lado se volvió a poner azul, después del té, y
parece que de repente se murió. Se oían muchos llantos y gritos y carreras y
después mucho silencio y es mucho peor el silencio que los gritos.
Ahora
puedo andar por todas partes despacito. A mí me gusta estar cojo, porque la
gente me mira y me compadece.
Mayo 1
Hoy es
el día del trabajo, pero no se trabaja. Y tanto no se trabaja, que ni siquiera
se entierra a los muertos, así es que al señor Azul lo van a enterrar mañana.
Yo le pedí a un cabro que ya había traído tres coronas, que me dejara entrar
esa última y por fin conseguí ver la cara del muerto. Apestaba a flores
calientes y a gente de luto y cuando entré mi corona con mi pata tiesa, un
caballero me la quitó de las manos y me dio cinco pesos. El caballero tenía la
nariz bastante colorada, seña de que había llorado. La casa del muerto tenía un
barómetro de esos estupendos.
Resulta
que el cabro de la corona me estaba esperando afuera y me pidió la propina.
—Dame
cuatro pesos y yo te doy esto —le dije.
—¿Por
qué le voy a dar cuatro pesos? Los cinco pesos son míos.
—No,
señor. Son míos. Yo entré la corona. Y además, que los cuatro son por mi pierna
coja.
—Eso no
lo sabes tú. Yo traje la corona y la propina es mía.
—Entonces
voy a entrar a buscarla y tú la llevas. A ver si te dan $5 —le dije.
Nos
pusimos a discutir y alguien nos hizo callar. Entonces entramos a mi casa para
seguir discutiendo y, de repente, nos agarramos y yo me caí al suelo y no me
pude parar más y el cochino se llevó sus cinco pesos. Pero me las va a pagar y
a la otra corona que traiga le voy a hacer una zancadilla con el paraguas de mi
papá.
Resulta
que el cabro ése no volvió más, pero vino otro que se hizo bien amigo mío y
tomamos té juntos en la cocina. El trabaja en una florería que se llama Fleur
de Lys y tiene letras de oro en la gorra. Tiene 8 hermanos y los convidé a
tomar té mañana, porque es terrible vivir solo en un departamento. Se llama
Jacinto Soto y su papá es Presidente del Sindicato. Me prometió traerme un kilo
de cemento y unos ratoncitos recién nacidos que él tiene.
Mayo 2
Hoy fue
un día estupendo.
Mi mamá
había salido por el día con el papá, y yo me iba a quedar solo con la Domi,
cuando de repente llegaron mis invitados, los 8 Soto. Eran seis hombres y dos
mujeres. Las mujeres tenían el pelo mojado y un pañuelo de narices en la mano.
Los hombres se llamaban Jacinto, Urbano, Segundo, Efrén, Sócrates y Juditas,
que es el menor.
Por
suerte que la Domi tenía cazuela guardada del almuerzo y estaba haciendo un
postre que nos comimos en cuanto estuvo listo y nos acabamos la leche y los
huevos que los comimos revueltos, y también el pan, la mantequilla y la
mermelada. Pero nos quedamos con hambre. Era bastante
difícil jugar, porque este departamento es muy chico; pero nos repartimos por
todos los cuartos y también jugamos en el ascensor, que quedaba enteramente
lleno. Al principio Juditas lloraba, pero después le daba una risa como
cosquillosa.
Era
tanto el boche que ni oíamos cuando llamaban el ascensor y lo que resultó fue
que unos cuatro señores, que estaban apretando el timbre en otros pisos, se
picaron, abrieron la puerta de repente y nos dejaron entre piso y piso,
completamente pegados. Al principio nos asustamos tremendamente y las mujeres
gritaban y hasta Jacinto creía que nos íbamos a morir ahí, pero por fin llegó
un señor de los que llamaban, acezando, y dijo que iba a reclamar al dueño del
edificio y que si no nos metíamos en nuestro departamento nos iba a dar una
pateadura. El señor parecía un búfalo por lo colorado y furibundo. De ahí le
gritó al otro que cerrara la puerta y nos bajó a su piso, pero tuvo que volver
a subir con nosotros al piso mío, porque con mi yeso yo no puedo ni subir
escaleras.
Después
de eso, jugamos a los colegios y lo pasamos estupendo. Y después bajamos en el
ascensor a ver al señor hipnotizador y nos hipnotizó a todos y a los Soto les
vino tanto sueño que tuvieron que irse. Y me da susto que se hayan
quedado dormidos en el micro y no se hayan bajado en su casa. De todas maneras
quedaron en venir a almorzar mañana.
Mayo 3
A la hora del
almuerzo llegaron los Soto y me trajeron el cemento y los ratoncitos. Pero se
nos escapó uno en la puerta y se metió al departamento del señor Azul, y se
armó una gritería adentro y una de golpes tan grandes que nos dio miedo y no
nos atrevimos a tocar para reclamarlo.
Pero cuando soltamos al otro ratoncito, la Domi dio un grito
y se trepó al lavaplatos y se le dobló un taco y se vino abajo con unas copas
que se estaban lavando y se zafó la llave de agua y también se inundó la cocina
y también con las copas se hizo un tajo y le salía un chorro de sangre como el
de agua de la llave. Y el agua y la sangre corrían y el ratón también y los
Soto también.
Entonces
Jacinto Soto le hizo un remedio a la Domi y le paró la sangre, y mientras tanto
Urbano con Efrén pillaron al ratoncito y, para que no se volviera a escapar, lo
guardamos en el frasco de mermelada. Mientras tanto, todo parecía una verdadera
piscina y patinábamos por el agua y dos Soto se cayeron y se empaparon.
La Domitila,
cuando se le paró la sangre, le dio con que había que componer el lavaplatos y
mandó a Jacinto a lo del maestro, que es sumamente amigo de ella y vino
volando. Pero antes de arreglar la llave, le arregló la herida.
Y justo que
estaba componiendo la llave, cuando llegó mi mamá con el papá y la tía Lala,
que venía a almorzar con su marido, y fue tanta la furia del papá y la risa de
la tía Lala, que los Soto prefirieron irse y lo peor fue que se les quedó el ratón en el frasco de mermelada y ahora tengo
que esconderlo,
porque todavía no se calma la furia
de la gente.
Ahora dicen que mañana me vuelvo al internado, porque, si puedo hacer tanta maldad, bien
puedo estudiar también. La cuestión es que no me den empujones, porque lo
embromado de la pata de yeso es que, cuando uno se cae, no se puede parar más.
Por lo demás, no me importa casi nada volver al colegio, porque ya me estoy aburriendo en mi
casa.
A uno lo
castigan con la cama después que ha pasado una semana entera en la ídem. Y nunca piensan que las cosas pasan por accidente y creen
que todo es maldad
Mayo 4
Cuando entré al
colegio, me vinieron a saludar todos los chiquillos y yo creo que debe haber
parecido un choque de autos, porque eran tantos y sobre todo los más chicos me
miraban y me tocaban y uno de Primera soltó el grito.
Pero, al poco
rato, me echaron al olvido y me cotizaron harto poco, porque no sirvo para la
pelota ni soy ya campeón de salto, porque ahora es Urquieta, que salta hasta
dormido.
Yo traía un
paquete con los frascos de tónico y entre medio venía el frasco con mi
ratoncito y, cuando estábamos acostados, lo saqué para darle de comer y
entonces todos me volvieron a cotizar y tengo que prestárselo a uno por uno,
porque si no, llevan el cuento. Jugamos con él corriendo por el dormitorio y
después hicimos como goles, echándolo de un lado a otro. Y resultó estupendo,
porque si nos sintieron. Hasta la risa era en secreto. Y yo aprendí a correr en
una pata.
Después lo
metimos al frasco y lo tapamos con el mismo trapo para que tenga aire y pueda
respirar. Y lo guardé en la mesa de noche. Y mañana vamos a levantarnos a las
seis de la mañana, para alcanzar a jugar lo mismo y en la noche también.
Mayo 5
El muy chancho de Urquieta me hizo una cochinada, y en cuanto me saquen el yeso voy a ser
campeón de salto, aunque sea para que me la pague.
Me robó el
ratoncito, se lo echó al bolsillo y lo bajó al comedor y lo soltó a la hora del
almuerzo.
El pobrecito
se le subió por la sotana al Padre Carlos y el Padre dio un salto y el
ratoncito casi se aturdió con el golpe, pero siguió corriendo y empezó el Mocho
a perseguirlo con la escoba, hasta que lo mató. Nosotros nos quedamos mudos,
pero a mí me dio tanta pena que no pude ni almorzar y después tuve que revolver
todo el tarro de la
basura para poderlo encontrar. Y lo
habría embalsamado si no hubiera tenido sangre. Pero, así como estaba, preferí
enterrarlo y hacerle una sepultura en el jardín. Me da arrepentimiento que me
lo hayan regalado para venir a morir asesinado cuando era tan feliz con los
Soto. Yo le escribiría a Jacinto para contarle, pero no sé su dirección.
Mayo 5
Esta noche, cuando subimos a acostarnos, encontré debajo de
mi almohada un papelito que decía: "Ven esta noche al gimnasio. Es un asunto
que te interesa. No averigües y ven callado. Te espero a las 11". El papel
no tenía firma y era de cualquier cuaderno y la letra era imitando imprenta. La
cuestión es que yo pensé que si no iba me creerían cobarde, y también pensé que
todos habían recibido el mismo papelito, pero como había que callarse nadie
hablaba de él. Así es que, aunque me daba susto salir del dormitorio cuando
todos parecían durmiendo, de todas maneras me levanté, me puse el pantalón y la
chomba y fui al gimnasio. No había nadie y esperé un buen rato, tratando de
bajar los pelos que se me paraban un poco. Por fin me convencí que era una
broma y volví al dormitorio. Cuando llegué, vi que había tres chiquillos encima
de mi cama, leyendo mi diario, pero fue tanta mi rabia, que no alcancé a darme
mucha cuenta de quiénes eran. En todo caso vi a Urquieta meterse en su cama,
porque duerme en la cama de al lado.
Me fui donde
él para pegarle, pero él se hizo el dormido y, aunque lo remecí y lo sacudí, no
conseguí despertarlo para darle lo que se merecía. En todo caso, no era sueño
mío lo de que estaban leyendo mi diario, porque el pobre estaba tirado en mi
cama, abierto y con las hojas arrugadas. Esta es una canallada que me han hecho
y mañana voy a desquitarme. Lo primero que tengo que hacer es saber quién me
escribió ese papel, porque ése es el que inventó esto.
Mayo 6
Le conté a
Gómez lo de anoche y a él se le ocurrió que para agarrar al malhechor inventáramos
de hacer una revista con letra de imprenta y no decir ni una palabra de lo que
pasó.
A la hora del
recreo, dimos la idea y cayó estupendo. Todos quieren escribir en la revista y
Gómez les dijo que cada uno trajera un chiste o un cuento y que los mejores
iban a tener premio de veinte pesos, porque, aunque la revista va a ser una sola y no se va a vender, de
todas maneras se va a arrendar por veinte pesos y así vamos a sacar mucha
plata. Entonces mañana nos van a traer los cuentos y chistes y vamos a comparar
las escrituras y vamos a saber quién fue.
Mayo 6
La revista es
estupenda. Se llama "Chistelandia" y tiene sesenta chistes y dos
cuentos. No se vende, pero se arrienda en dos pesos y se lee delante de la
empresa, que somos Gómez y yo, para que nadie la preste. Hoy en la tarde, en
puros arriendos, sacamos $120 y si no sacamos más fue por falta de tiempo, así
es que mañana sacaremos el doble. No escribo más, porque con esto de la revista
no tuve tiempo de hacer mis tareas.
Mayo 7
Ahora quieren
que hagamos revista todos los días, de modo que no hay tiempo para nada. Gómez
es el encargado de cobrar y de pagar y yo tengo que recibir los cuentos y
ordenar la revista y ver quién la está leyendo. El N° 2 de
"Chistelandia" tiene muchos más chistes porque ahora traen material
los de 6° y todos los de 5°. Tengo tanto que hacer que no he tenido tiempo para
comparar las letras y tampoco ya ni me importa quién fue el que me engañó.
Mayo 8
El Padre Carlos nos quitó el N° 3 de
"Chistelandia"
porque el idiota de Urquieta lo llevó al comedor, y se le quedó en el asiento.
Entonces el Padre lo mandó llamar, y le preguntó, y el muy bocón soltó todo. Y
lo peor es que en ese número casi todos los chistes eran sobre el Padre Carlos.
Gómez y yo
tuvimos que ir donde el rector, que nos esperaba con la revista en el
escritorio. Con cara muy grave nos preguntó si nosotros hacíamos esa revista.
—Sí, Padre —le contestamos en coro.
—¿Son ustedes los que escriben todo lo que sale en
ella?
—No, Padre.
—¿Pueden decir, entonces, quién tiene el atrevimiento
de burlarse del Padre Carlos?
—No, Padre.
—En ese caso, asumen ustedes la responsabilidad, y por lo tanto, sufrirán el castigo.
—Nosotros no lo escribimos —dijo Gómez.
—Ustedes lo aceptaron en su revista y responden por ella.
—Es que ésa no era la intención —dijo Gómez.
—¿Cuál era la intención? —preguntó el rector.
—Descubrir por la letra quién era el que le mandó un anónimo a éste —dijo Gómez, apuntándome.
—¿Y han descubierto quién fue?
—No, Padre. Se nos olvidó averiguarlo, porque hemos
tenido tanto que hacer con la revista.
—De modo que ustedes hacen una revista para averiguar
de un anónimo y publican ofensas gratuitas a sus profesores.
—Gratuitas no, Padre. Pagadas.
—¿Cómo pagadas?
—Pagamos veinte pesos por cada chiste.
—De manera que encima le pagan al que ofende.
—Sí, Padre.
—No, Padre.
—En fin, terminemos esto. Quedan los dos arrestados
por toda la semana y sin salida el domingo. A la próxima revista con ofensas
los expulsaré del colegio.
A la salida,
Gómez me dijo: ;
—¿Por qué no dijiste que fue Urquieta el del chiste
del rumiante? Nos habríamos librado del castigo. Además, yo tenía un paseo el
domingo.
—¿Por qué no lo dijiste tú? —le contesté yo.
Quedamos un poco peleados, pero a la salida se nos juntaron unos cuantos para saber lo que había pasado con el rector. Algunos se rieron de
sabernos castigados y otros dijeron que éramos unos grandes tipos. Pero Gómez y
yo teníamos tanta rabia, que nos fuimos derecho a comparar los chistes del primer
"Chistelandia" con el papelito mío y descubrimos que era de Urquieta.
Más rabia nos dio de estar castigados por su culpa. Y yo me fui derecho donde
él, me le puse al frente y, en pleno patio, le dije:
—¡En guardia! ¡Esta es por el anónimo! —y le mandé una cachetada. Cuando se enderezó, le
dije: —¡Esta es por robarme el diario! —y le mandé otra, y, cuando me iba a pegar, le mandé
la tercera con: —¡Esta va por el castigo de Gómez y yo!
Urquieta se
cayó al suelo y se
hizo el aturdido en el
mismo momento en que aparecía el Padre Carlos. Entonces los chiquillos lo levantaron
y armaron tal gritería de: —¡Ahora la llevas
tú! —y corrían como jugando desaforados y se caían y
todo, hasta que Urquieta quedó como uno de tantos del juego y no pudo acusarme.
Después, en
el comedor, me dijo: —Tú te crees muy gallito, ¿no es cierto? Pero
el que me la hace a mí, me la paga. Y te la tengo jurada. Tendrás que
arrepentirte de tus tres cachetadas.
Pero yo no le
tengo miedo.
Mayo 11
Resulta que
Urquieta me volvió a robar mi diario y me lo tuvo escondido tres días enteros.
Es decir, todavía estaría escondido si yo no lo encuentro. Estaba en la
biblioteca entre los libros y, si no es por Cariola que me sopló dónde
estaba, se pierde para siempre.
Según me dijo Cariola, lo que le da más rabia a Urquieta es
no poderme pegar, por mi pata de yeso y también que Cariola, cada vez que él
salta bien, le dice que si yo estuviera sano, se la ganaría. En todo caso, a mí
ya no me interesa ser campeón, porque pienso que es mucho mejor tener un circo
propio y viajar con él por todo el mundo. Gómez va a ser el que doma las fieras
y yo el de los caballos, el de las botellas, el de los platos en el aire y el
de los trapecios. Como ahora no puedo ensayarme en los trapecios, me ensayo en
los platos y el mozo de la cocina me los presta y, como son de latón pintado,
no importa que se caigan. Ya los tiro tan alto que topan el techo. Pero lo
bueno es hacerlo con los de loza, así es que le escribí a mi mamá pidiéndole
que mañana me trajera tres.
Mayo 12
Urquieta también quiere entrar
al circo nuestro, y después de todo, cuando no está rabiando, es bien divertido y bien payaso, así es que lo
aceptamos de Tony. Ahora estamos bien amigos y él me persigue bastante, pero,
de todas maneras, yo le escondo mi diario por si le da tentación de volvérmelo a robar. Y lo tengo escondido en el cuarto de baño, en una puertecita
que da a las cañerías. Ahí aprovecho para escribir, pero tiene que ser muy corto
y muy apurado, no como antes.
Mi mamá me
trajo los platos ayer, pero cuando estaba ensayando se me quebraron los tres.
No importa, porque quiere decir que tengo que ensayar más con los del colegio.
Mayo 13
Ayer estábamos con Gómez en la cocina, ensayando las pruebas, cuando vimos una cara que se
asomó por la ventana. Era un hombre como Batman y nos pidió limosna. Entonces
le dimos lo que encontramos y él nos pidió permiso para dormir bajo techo,
porque duerme a plena noche y ahora son muy heladas. A Gómez y a mí nos dio
lástima y le abrimos la bodega para que entrara a dormir y el pobre se acomodó
en unos sacos y se durmió ipso flatus.
Al poco rato, tocaron el timbre y era la policía. Venían en
busca de un criminal, que se llama "El Soquete" y que había muerto a
dos o a doce personas. Claro que el Mocho de la puerta les dijo que ahí no
estaba, pero ellos insistieron e insistieron en que lo habían visto entrar
aquí, hasta que se colaron para adentro y registraron casi todo el colegio.
Gómez y yo hacíamos promesa para que no entraran a la bodega, porque nos daba
lástima el criminal arrepentido y tan feo y con tanta hambre. Por suerte, no
entraron y se fueron felices. Pero los dos con Gómez no sabemos qué hacer de
pensar que tenemos un verdadero criminal aquí encerrado y aunque le echamos
llave a la bodega, de todas maneras, cuando entre el Mocho cocinero a buscar
papas mañana, a lo mejor lo mata. Así es que vamos a avisarle para que entre
armado.
Mayo 14
Esta mañana
tempranito fuimos a ver al Mocho cocinero y le dijimos: —¿Qué haría usted si se encontrara
con el criminal, el Soquete?
—Lo entregaría
a la policía.
—Sí, pero antes de eso.
—¿Cómo antes de eso?
—Por ejemplo, si él estuviera escondido en el
colegio, después de todo, y usted se topara cara a cara con él. Y si él se le
viniera encima con un enorme cuchillo, ¿qué haría usted?
—Echaría a correr, supongo. Para eso soy bueno...
—Pero mejor sería tener una pistola, ¿verdad?
—Y aún mejor sería no encontrarlo.
—Es que yo creo que lo va a encontrar —dijo Gómez, asustado.
—¿Pero por qué crees tú eso?
Yo consulté a
Gómez con la mirada y él me dijo que sí con la ídem, y entonces muy en secreto
le dije al Mocho lo que había pasado. El Mocho se puso pálido y soltó el
canasto que llevaba. Entonces nos pescó de un brazo a Gómez y a mí y voló con
nosotros donde el rector. Pero, por suerte, había salido y entonces fue donde
el Padre Anselmo, que es muy santo y que no se ocupó de castigarnos sino que
llamó a la policía por teléfono y todos nos quedamos esperando hasta que
llegaron.
Entraron muy
triunfantes con un Teniente y todo. La bodega estaba con llave y los dos con
Gómez no oímos la campanilla de clase y los seguimos. Calladitos llegaron hasta
ahí y abrieron la puerta de repente y gritaron con voz de trueno: "¡Manos
en alto!", pero nadie se movió.
Entonces empezaron
a alumbrar todos los rincones con una tremenda linterna y no había nada. El
Teniente se volvió donde el Padre Anselmo un poco enojado, pero, en ese momento,
otro policía descubrió un paquete en el suelo y gritó: "¡Mi
Teniente!" y le pasó el paquete. El Teniente sacó su pañuelo y casi sin
tocarlo, lo desenvolvió y en el paquete había un cuchillo, una caja de
cartuchos sin uso y un montoncito de joyas.
Otro policía
dijo entonces: "¡Por aquí escapó!", y mostró una ventanita que estaba
casi tapada de sacos de papas. Y la ventanita daba a la calle.
Pero ahora
Gómez y yo estamos otra vez contentos de que haya escapado, porque, cuando lo
andábamos buscando, teníamos casi más ganas de no encontrarlo.
Mayo 15
Resulta que
todo el colegio sabe lo del Soquete y la mitad de
los chiquillos dicen que Gómez y yo somos unos idiotas y la otra mitad dice que
no. Pero entre la mitad que sí, está Urquieta y anda otra vez buscándome
camorra.
Hoy, en el recreo, me dijo:
—Tú me debes una y crees que si no te pego porque
andas cojo me voy a quedar así no más.
—En quince días más me sacan el yeso —le contesté.
—Ya llevo una semana esperando y no pienso esperar
más.
—¿Qué vas a hacer, entonces? —le dije.
—¿Te daría mucha rabia que te robara tu diario? —me preguntó.
—Mucha. Pero ahora no lo encontrarás con tanta
facilidad.
—Eso es asunto mío. Quiero saber qué te da más rabia,
el que otros lean
tu diario o una bofetada.
—En todo caso no lo vas a encontrar —le contesté.
—Lo veremos. Tú te crees muy gallo, pero yo no soy tonto
tampoco.
—Ni con toda tu habilidad lo vas a hallar —le dije y me fui.
Pero al poco
rato volvió donde yo estaba.
—¿Qué vas a hacer cuando no lo encuentres? —me preguntó.
—Pegarte otra cachetada.
—¿Y si no soy yo el que te lo roba?
—A nadie más que a ti le interesa mi diario.
—¿Y te crees tú que vas a pasarte pegando porque
tienes una pata con yeso y nadie te la va a devolver? A mí también me puede dar
rabia.
—Eso es lo que quiero. Que te dé luego, me pegues de
una vez y dejes en paz mi diario.
—Eso lo dices porque sabes que castigan al que le
pega a un cojo. Yo sabré lo que hago.
Después, en
la tarde, me hizo burla con otros por mi diario y me gritó:
—¡Cómo nos vamos a reír esta noche con tus secretos!
Gómez y yo
estuvimos ensayando las pruebas de las botellas con el repostero y por fin me
escapé para escribir todo esto.
En este momento se abrió la puerta del baño y asomó su cabeza
Urquieta y me dijo: "Escribe bastante para que me ría más" y se fue.
Pero justo cuando él salió, sonó la campana para ir a comer y yo no tengo más
remedio que esconder mi diario aquí mismo, aunque sea por la última vez.
Mayo 15
Anoche
desperté con un disparo y después sonó otro. Encendí mi linterna y vi que nadie
se había movido. Entonces oí unos gritos de: "¡Por la derecha, por la
derecha!" y salté de mi cama y fui a despertar a Gómez. Pero él ya se
había despertado, sólo que no se movía porque estaba asustado. En eso sonó otro
disparo y yo no aguanté más, me puse los pantalones y salí afuera. Gómez y
Triviño, que es nuevo, me siguieron y salimos al huerto. Pero en la puerta del
huerto nos sujetó un agente y dijo que nos volviéramos al dormitorio, porque podría alcanzarnos una bala. Era que andaban buscando al Soquete,
que se había vuelto a meter por la ventanita a la bodega y, como ellos pensaron
que podía volver a buscar su paquete, lo estaban esperando escondidos en el
colegio desde temprano. Y cuando entró a la bodega le hicieron:
"¡Alto!" pero él se escapó al huerto y en eso andaban ahora.
Estábamos hablando con el agente cuando llegó el Padre José y nos pescó de una
oreja y nos mandó a acostarnos. Claro que yo no podía dormir y nos quedamos
conversando en secreto con Gómez hasta que se acabó la bulla. Y después tampoco me podía dormir; entonces
bajé a buscar mi diario para escribir y no lo encontré. Entonces lo fui a
buscar en la cama de Urquieta y se lo pillé debajo de la almohada. Me dio tanta
furia con él que, si no hubiera estado durmiendo, le hubiera vuelto a pegar.
Y ya
realmente no sé dónde esconderlo, pero lo voy a guardar debajo de mi colchón.
Mayo 16
Parece que
anoche agarraron al pobre Soquete aquí en el huerto. Lo alcanzaron con una bala
y se lo llevaron sangrando de una pierna. Yo fui a ver la sangre, pero con el
riego se había borrado. Nos castigaron a los tres con Gómez y Triviño y nos
dejaron sin recreo
y en la tarde escribiendo páginas
enteras. A veces me dan ganas de escaparme de este colegio, pero será cuando me
saquen el yeso.
Urquieta está
tan furioso conmigo porque le quité mi diario, que hoy me dijo:
—Cuando te vuelva a robar el diario, voy a echarlo a
la basura y así no lo tendrás más.
—Es que ahora no lo encontrarás nunca —le contesté. Pero yo sé que si lo sigo guardando en
mi cama, me lo va a sacar, así es que me lo metí en la espalda, entre la camisa y el
cuerpo y me molestaba bastante y de repente uno me dio una palmada y dije que
yo tenía joroba. Entonces todos vinieron a tocar mi joroba y Urquieta también
dijo que ése era mi estúpido diario, pero que era la última vez que lo iba a
tener porque mañana saldría en la basura. Y, ahora al acostarme, sé que él se
está haciendo el dormido y que cuando yo me duerma, me lo va a robar. Cuando
pienso en esto, me da más pena que rabia, pena de pensar que se va a ir en la
basura y voy a tratar de no dormir en toda la noche entera...
Nota: Este diario fue encontrado
en un basural y recogido
por un ocioso que se puso a leerlo y lo ofreció a esta imprenta para su
publicación.
Nota sobre la Autora
Marcela Paz
-seudónimo de la escritora Ester Huneeus Salas- fue una mujer excepcional,
capaz de construir una prosa fresca y natural.
Educada en su
casa por profesores particulares quienes le enseñaron, además de las
asignaturas habituales, los idiomas inglés, francés y alemán, comenzó a
escribir desde muy joven en revistas y periódicos. Usó diferentes pseudónimos,
entre los cuales se quedó definitivamente con Marcela Paz; Marcela, por ser
admiradora de la escritora francesa Marcelle Auclair, y Paz porque
-según ella misma decía- necesitaba ese don.
Cuando, antes
de casarse, su novio, José Luis Claro, le regaló una agenda, Ester
decidió escribir en ella el diario de vida de un niño. Y fue así como nació su
hijo más célebre: Papelucho, de quien puede decirse, sin duda, que es ya un
clásico de la literatura infantil chilena.
Creadora
además de una singular galería de personajes como los Pecosos, el Soldadito
Rojo, la Colorina, Sebastián, Catita y Perico, entre otros, fue también la
fundadora del IBBY (International Board of Books for Young People) en
Chile.
Con un amplio
reconocimiento tanto en el país como en el extranjero, entre los varios premios
y distinciones que recibió a lo largo de su vida, obtuvo dos muy importantes:
el diploma de mérito que la incluyó en la lista de honor "Hans Christian
Andersen" concedido por el Congreso Internacional del IBBY reunido en
Suiza en el año 1968 -y que fue otorgado por primera vez a un autor
latinoamericano- y el Premio Nacional de Literatura 1982, que coronó su
infatigable desempeño en el mundo de las letras.
Lista de Textos de Papelucho
- Papelucho
- Papelucho casi huérfano
- Papelucho historiador
- Papelucho detective
- Papelucho en la clínica
- Papelucho perdido
- Mi hermana Ji, por Papelucho
- Papelucho misionero
- Papelucho y el marciano
- Mi hermano hippie, por Papelucho
- Papelucho en vacaciones
- ¿Soy dix-leso?, por Papelucho
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